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Jeansy Aúz, siempre con la música a otra parte
¿Quién es Jeansy Aúz?
En primer lugar, creo que soy un currante; llevo muchos años en la música y he conseguido vivir de esto. Tengo una hija, cuyo nombre artístico es Ela Brown, y estoy feliz de ver cómo han pasado los años y he alcanzado mis sueños. La respuesta habría sido muy diferente si me preguntas hace un par de años, pero ahora estoy contento, lanzando el proyecto de mi escuela, que es algo que llevaba tiempo intentando. Soy una persona con muchas ganas e ilusión y voy sacando las cosas adelante.
Háblame de tus orígenes.
Mi padre es gallego y mi madre de Haití, mi abuela paterna es mexicana y mi abuelo de Bilbao, y la familia por parte de madre es haitiana. Mi hija Ela es maña y mi mujer, canaria, o sea, que al final somos de todos los sitios. Entonces nos hemos criado con mucha mezcla cultural y, sobre todo, con una mente muy abierta. Es algo muy bueno, puedes conocer mundo y así intentas entender otras culturas. Y me preguntan: “¿Por qué haces esa música tan rara?", bueno, porque mezclo muchas cosas, todo lo que yo he vivido desde pequeño.
¿Cómo entraste en contacto con la música?
El primer contacto fue a través de mi abuela, aunque tenía trece hijos y se dedicaba básicamente a los niños. Mi abuelo era general de Marina y estaba mucho tiempo fuera y, en los tiempos que tenía libres, cuando los hijos se iban haciendo mayores, como estaba aprendiendo a tocar el piano, en casa de mi abuela había uno. Otra de las primeras imágenes que tengo es un equipo de música que había en casa de mis padres, que tenía el típico magnetófono con un vinilo y una pletina de cassette, y yo lo utilizaba para grabar canciones de la radio y hacía mezclas, cortaba cintas, hacía cosas raras, ya intentando componer música, con las músicas ya preexistentes, como Whitney Houston mezclada con un tema de El Fari, experimentando un poco… Cuando ya fui un poco más mayor, empecé a enchufar estos aparatos de mis padres, que a los pobrecitos les tenía locos con tantos cables por el salón, y enchufaba un teclado que tenía. Aunque el primer recuerdo que tengo realmente es un piano de juguete que le regalaron a mi hermana por su comunión y entonces le dije a mi padre que quería aprender música. Me dijo: “Okey, si tú durante un año me demuestras que sigue interesándote, vemos la manera de comprar uno”. Entonces, cada vez que me daban una paga, iba guardando el dinero y se lo iba dando para el piano. Y al final, el primer piano, recuerdo, tengo todavía la factura de mi padre, costó 500.000 pesetas. Mis padres se han volcado, les debo mucho, a mi padre, especialmente. Mi madre, por la perseverancia y los cabreos que se cogía cuando no estudiaba, pero mi padre porque me llevaba al conservatorio. Confiaba mucho en mí.
Pero al final estudiaste Periodismo.
Sí, estudié Periodismo y luego, Comunicación Audiovisual porque mi madre decía: “Vale, vas a estudiar música, pero también tendrás que hacer un trabajo serio”. Mi padre me aconsejó que eligiera algo relacionado de alguna manera con lo que yo quería hacer. Me gustaban las bandas sonoras, el cine, la tele, por lo que elegí las Ciencias de la Información. Pero reconozco que no he sido nunca un buen periodista, porque siempre he querido hacer otra cosa. He trabajado en muchos programas de televisión y revistas, pero con la idea de, en algún momento, hacer música. El periodismo me ha servido a nivel de contactos, para conocer a fondo la televisión en todas sus facetas, las fechas de cierre, de entrega y el compañerismo.
Tú tienes también una gran necesidad de conocer mundo, ¿no? De viajar, de explorar…
Sí, yo tengo un proyecto, “Componer Viajando”, que les gusta mucho a los compañeros. Lo hice por necesidad vital, porque me estaba quedando mustio entre cuatro paredes. Normalmente, nosotros los compositores siempre solemos trabajar solos y es necesario amigarse con esa parte de soledad, pero hubo un momento en que necesité salir, necesitaba vivir para saber qué contar. Tú puedes hacer muy buena música, pero si no sabes contar historias porque no las has vivido, pues entonces esa creatividad se va al traste. Llega la ansiedad, la saturación, no salen las ideas… “Componer Viajando” básicamente es una idea para intentar inspirar a compañeros y compañeras para que entiendan que un compositor o un productor musical no tiene por qué hacer música solo desde un estudio, sino que a veces es necesario salir fuera para generar esa inspiración, para limpiarte la mente y el espíritu y entender que de cara a la composición es necesario vivir cosas y que la música suena mucho mejor cuando viajas, cuando sales del estudio.
¿Qué es lo que te tienes que llevar en la mochila? Un equipo portátil, con material básico, lo mínimo para seguir creando.
Llevo un teclado y un ordenador portátil potente, con librerías de sonido. Empiezas con un piano grande en el conservatorio y luego se reduce. Me llevo también los discos duros que necesito, normalmente dos. En uno llevo los proyectos, películas, series y programas, y, por otro lado, un teclado maestro MIDI, pequeño, y las licencias de los programas, y poco más. Ahora con los Mac Mini, como son tan potentes, se puede ya directamente trabajar con lo mismo que se trabaja en el estudio, y conectarlo a los hoteles o los apartamentos a los que viajes.
¿Alguna anécdota de Componer viajando en algún país exótico?
Me vienen a la cabeza dos anécdotas. La primera, trabajando en la selva de Bali el año pasado, en una cabaña maravillosa, de esas que parecen hechas por inteligencia artificial, de bambú, idílica. Lo tenían todo muy preparado para el turismo, con buena conexión a internet y demás, pero una mañana me levanto para ponerme a trabajar y, de repente, según abro el armario, me encuentro con una serpiente gigantesca, comiéndose un sapo… ¡Qué horror! Tuvo que venir un experto a llevársela, porque podía ser venenosa. Y después del susto, me tuve que poner a componer en calma… Luego, otra fue en Tailandia, en una isla, donde resulta que se me estropea el cargador del portátil y yo tenía que hacer una entrega de unos capítulos de una serie diaria en los que estaba trabajando y al final tuve que coger una moto y conducir durante dos horas hasta la tienda más cercana para comprar un cargador y pagar una barbaridad, pues me costó casi como el ordenador. Y luego volver otras dos horas en moto. También me pasó en Miami, donde nos pilló un huracán y yo te tenía que hacer una entrega en España para un programa, y no podían esperar y entonces tuve que salir justo antes de que empezara el huracán y fuimos a buscar un ordenador, y pudimos comprarlo, pero tuvimos que quedarnos en la tienda, no pudimos volver. Tuve que trabajar desde allí, ¿sabes? O sea, todo muy surrealista. Claro, es mucho más cómodo estar aquí, en el estudio, pero aquí no pasa nada. ¿Qué vas a contar? Esto para mí es inspiración para una escena de acción o tensión. Y eso es lo que creo que alimenta el alma para poder contar historias y que tengan sentido.
Bali, Tailandia, Miami, ¿en qué más países has compuesto música?
He pasado bastante tiempo en Nueva York, vive allí la familia de mi madre. En Canadá también, en Europa, Italia, Francia. Al final, mi mujer es quien hace toda la estructura de los viajes, la que reserva los vuelos y todo. Ella se ríe, porque a veces yo no sé ni a dónde vamos. Singapur, Emiratos Árabes, en Hanoy, en Vietnam, en muchos sitios.
¿Hay algún sitio donde sueñas viajar para componer?
Hombre, yo soy un enamorado de Canarias, aunque sea menos glamuroso, quizá. Ahora compongo mucho desde allí. Para mí, Fuerteventura es el centro básico y estratégico de operaciones. Ahora mismo he montado un estudio allí y, como hay tanta producción que se graba en las islas, pensé en irme allí. Además, mi mujer es canaria, y encima cada vez se están acogiendo más rodajes.
Con tu mujer, la cantante y compositora, Twinyi, compartes pasión por la música y profesión.
Mi mujer tiene una empresa de DJs. Es la sección de música moderna y yo la de clásica. Ella es muy buena letrista y me ayuda mucho. Mi hija Ela también hace música, canta y nos pegamos horas y horas en el estudio y lo disfruto. No suelo trabajar con artistas, pero al ser mi hija, le tengo que enseñar esa parte. Estamos haciendo un disco y le estoy enseñando producción.
Además de la inspiración que te viene de fuera, me imagino que hay inspiración que te sale de dentro también, ¿no? Sensaciones, sentimientos, altibajos.
Claro, como te digo, a veces es necesario estar solo en el estudio. He tenido la suerte de que me den ese talento, no me puedo ir de aquí sin alegrar a la gente o entristecerla, ¿sabes? Lo que sea, pero generar emociones. Porque eso es lo que yo he venido a hacer aquí y estoy en ello, da sentido a la vida para mí.

Jeansy Aúz
¿Y qué retos tienes entre manos y a corto, medio plazo para sacar adelante?
De momento, hasta marzo, abril, voy a estar con una serie protagonizada por el actor turco Can Yaman, que tiene muy buena pinta. Yo estoy ilusionado porque ya he empezado a ver imágenes y me parece brutal lo que están haciendo. Es un trabajo increíble que también está rodado en Canarias, en Tenerife. Por otro lado, como te decía, he lanzado una academia para ayudar a otros compositores a vivir de la música para televisión y plataformas, y eso me ilusiona también muchísimo. Me está quitando mucho tiempo y energía, pero entiendo que es parte del arranque. Y tengo otros proyectos, una peli que creo que lanzarán de cara a abril o mayo.
¿Qué crees que pasaría con tu carrera, y con la de mucha gente, si de pronto ya no hubiera electricidad?
Lo he pensado muchas veces. Tendría que volver a lo que hacía antes en el conservatorio, al piano. Si al final se trata de generar emociones, se puede hacer de muchas formas y hay una cosa que me encanta, no sé dónde lo escuché, pero un creativo no deja de ser un creativo. Entonces puede costar más o menos, pero tú me das una guitarra o dos palos y te saco unos ritmos. Al final acabaría haciendo música de todas maneras.
La IA sí que te preocupa más a lo mejor, ¿no?
Sinceramente, ahora mismo no me preocupa. Me apasiona, me parece brutal lo que está pasando y lo que podemos llegar a hacer. En un principio, es verdad que unos nos metemos en el trabajo de otros, ¿no? Ahora todos podemos utilizarlo en nuestras redes, hacer logotipos de empresa, entre muchas otras cosas. Por un lado, me asusta un poco, pero no porque no vaya a haber más trabajo. Creo que tenemos que estar muy preparados y soy muy friki, me encanta estudiar cosas de IA para ver lo que se puede hacer, creo que hay que aliarse y aprender a utilizar las nuevas herramientas para seguir adelante, por pura supervivencia. Hay que estar al día con la tecnología siempre, si quieres seguir en el medio. Hay que adaptarse, está claro.
Y para acabar, teniendo en cuenta que tú has trabajado como periodista, ¿qué otra pregunta te harías a ti mismo en una entrevista?
Pues, por ejemplo: ¿Cuál es tu hobby? Mi hobby es la música (risas). No, es broma. También me encanta cocinar y me encanta bailar. Por no hablar solo de música, me gusta mucho cocinar; mi padre se pagó la carrera de medicina cocinando. Es verdad, me gustaría aprender a coser, me encanta aprender todas esas cosas. A veces, mi hija se ríe y me dice: "Eres una abuela de Cuenca metida en el cuerpo de un negro". Pero mi gran pasión es la música, emocionar a la gente y seguir componiendo por el mundo.
www.jeansyauz.com
Por Sonia Martin
Carta de España publica el Calendario 2026
La revista Carta de España quiere felicitar la navidad a sus lectores y desearles un próspero año nuevo con la publicación del calendario 2026.
Este calendario digital descargable recoge fotografías de los artículos elaborados por los colaboradores de la revista.
Desde el equipo de Carta de España os deseamos unas felices fiestas y un próspero año nuevo.
Luces y sombras de Goya en Bruselas: un diálogo vivo entre siglos
La exposición propone una lectura renovada del arte español tomando como eje la figura de Francisco de Goya y Lucientes (1746–1828) y la profunda tradición realista del país. Desde el siglo XIX, el pintor aragonés se ha convertido en un símbolo de identidad nacional y en un punto de referencia ineludible para comprender la evolución del lenguaje artístico español.
La muestra invita a explorar las múltiples capas —a menudo contradictorias— que han surgido en torno a ese legado. Lo hace a través del diálogo con el Siglo de Oro, especialmente con la pintura del siglo XVII, y con la reactualización de lo místico y lo picaresco, dos pilares que definieron un nuevo régimen visual. Este enfoque permite descubrir cómo en la obra de Goya conviven dimensiones aparentemente opuestas: intimidad y crudeza, ideal y trascendencia, humor y violencia, exaltación de la vida y contemplación de la muerte. En ese equilibrio inestable reside buena parte de la modernidad del artista.
El recorrido pone en contacto el legado formal y conceptual de Goya con obras de artistas españoles desde el siglo XVIII hasta nuestros días. A través de ecos, citas y resonancias, estos creadores reinterpretaban —y reinterpretan— su herencia para avanzar mirando hacia atrás, fieles a una tradición cultural profundamente arraigada.
Goya: el artista polifacético y el espíritu crítico de una época convulsa
Pocas figuras en la historia del arte reflejan con tanta intensidad la complejidad de su tiempo como Francisco de Goya. Su obra se despliega como un vasto archivo visual de una época en la que España vivió profundas transformaciones: el final del Antiguo Régimen, la irrupción de las ideas ilustradas, la guerra napoleónica y los inicios del liberalismo. Goya fue testigo privilegiado y, a la vez, intérprete inquieto de su siglo; por eso su arte no sólo registra hechos, sino que revela un agudo espíritu crítico que atraviesa cada una de sus etapas.
Retratos de Francisco Bayeu
Y es precisamente la versatilidad de su trayectoria la que se pone perfectamente de manifiesto en la exposición Luz y sombra. Goya y el realismo español. Pocos artistas han desarrollado con la misma soltura que él facetas tan diversas como son el pintor de corte, capaz de retratar la solemnidad de la monarquía borbónica con una penetración psicológica inédita, el observador costumbrista, que plasma fiestas populares, majos y escenas de ocio con ironía y cercanía, el grabador experimental, que explora la técnica al servicio de la sátira y la denuncia social y el visionario, autor de las Pinturas Negras, donde el subconsciente y la angustia emergen con fuerza casi expresionista.
Para poder reflejar todas estas vertientes, Luz y sombra. Goya y el realismo español se articula en torno a tres grandes ejes : Goya pintor, entre el barroco y el clasicismo ; Goya iluminado, formas cultas y formas populares ; y Goya en síntesis, expresión y abstracción. Arranca la exposición con dos retratos que se miran como en un espejo : por un lado el autorretrato de Francisco Bayeu, el que fuera maestro y mentor de Goya -además de su cuñado- y quien lo introdujo en la corte, y por el otro, el retrato que Goya le hizo a él en 1786. Comparando los dos cuadros, se aprecia claramente el clasicismo del autorretrato, mientras que el lienzo de Goya tiene ya una pintura mucho más viva e instintiva, más sensual, lo que no era del gusto de la época. El genial pintor empezaba ya a desmarcarse del academicismo y a adentrarse en una senda artística personal y nunca vista hasta entonces. Los trazos gruesos y difuminados que se observan en este retrato, cedido para esta muestra por el Museo del Prado, se consideran ya precursores del impresionismo que llegará un siglo después.
Pese a no ser una exposición exclusiva de Goya, sí es la mayor reunión de obras del genio que ha tenido jamás lugar en Bélgica. Los cuadros más emblemáticos se han quedado en España –también porque ya están preparándose las muestras conmemorativas del segundo centenario de su muerte, que se celebrará en el 2028– pero sí hay grandes obras que en pocas ocasiones han podido verse en otros países europeos. Por ejemplo, destaca, además de las series de grabados Los caprichos o los Disparates, El corral de locos, lienzo pintado al óleo sobre una plancha de hojalata en 1794, que ha viajado desde el Meadows Museum de Dallas, Estados Unidos. ‘Un corral de locos y dos que están luchando desnudos, y el que los cuida cascándoles…’ Así describe Goya esta escena en una carta, añadiendo que él mismo la presenció en un hospital psiquiátrico de Zaragoza. Falta por determinar con exactitud si, como apuntan los datos, lo hizo visitando a dos miembros de la familia Lucientes allí internados, o por causa de sus propias dolencias psiquiátricas; un año antes sufre uno de los brotes que se repetirán a lo largo de su vida. Este cuadro, totalmente innovador en cuanto a técnica y temática -aborda ya el tema de la locura, cuestión tabú incluso en nuestros días-, deja presagiar lo que más adelante será su época negra.
En la última parte de la muestra, la dedicada a la expresión y abstracción, se pone de manifiesto cómo la visceral radicalidad de las Pinturas Negras anticipa el informalismo expresivo de Antonio Saura, lo que se observa claramente en su cuadro Crucifixión (1959), cedido por el IVAM, Insituto Valenciano de Arte Moderno. Por su parte Picasso compartió con Goya su fascinación por la tauromaquia, su indignación ante las crueldades del mundo, su libertad de tono y creación, y una forma de modernidad. En la exposición se contempla cómo ambos artistas abordan el tema de la tauromaquia desde diferentes perspectivas: Goya enfatiza la crueldad, la violencia y el sacrificio, mientras que Picasso, aunque arraigado en la tradición, lo aborda desde un punto de vista más hedonista. Cierra la exposición el cuadro perteneciente a la colección permanente del Museo Thyssen Corrida de toros, lienzo que forma parte del conjunto de quince obras que el artista malagueño pintó sobre la tauromaquia en la mitad de la década de los 30 y que se pueden considerar en algunos aspectos preludio del Guernica.
Además de los artistas mencionados, Elena Blasco, Luis Gordillo, Delhy Tejero, Eduardo Arroyo o Jorge Oteiza son otros de los nombres propios elegidos para sorprender en el recorrido. También hay obras creadas específicamente para la muestra : el cineasta Albert Serra proyecta la videoinstalación de doce minutos Tauromaquia, derivada de su película Tardes de Soledad que ganó la Concha de Oro de la edición del año pasado del Festival de Cine de San Sebastián.
Texto : Ángela Iglesias Bada
Fotos : Bozar
El gato más británico del cine español
Háblanos de ti. ¿De dónde se considera Luc Knowles?
Mi madre es inglesa, mi padre, español, aunque yo soy más de aquí que otra cosa. He vivido en Inglaterra, he nacido allí, he ido todos los veranos de mi vida, porque estaban en Londres mi abuela y mis tías. Al final te nutres de todo lo que vives y mi familia inglesa forma parte de eso, claro. Y los genes también hablan por sí solos. Ahora me siento muy afortunado porque me dedico a lo que en muchas etapas de mi vida ha sido mi juego. A lo que yo jugaba de pequeño cuando cogía la cámara de mi padre y con mis amigos hacíamos cortos; y por hacer eso me pagan hoy.
Aunque el punto de partida de tu carrera fue la Sociología, ¿no?
Con 18 años estaba perdido y sin una vocación clara. Siempre me gustó el cine, pero quizás por no venir de una familia artística en la que te empujan a ese camino, -aunque nunca me obligaron a nada, siempre me dijeron que hiciera lo que me diera la gana-, pero por pura estadística de éxito, nunca me dijeron que me dedicara al Arte. Entonces estudié Sociología, porque era una carrera muy genérica, mientras yo mismo me ubicaba, averiguaba hacia dónde quería ir y era muy compatible con contar historias. Y me gustó y me ha valido para muchas cosas. Incluye el análisis de la sociedad, el entender las corrientes y los movimientos de persona y los porqués. Es muy útil para todo, para exponer trabajos públicamente en clase, con mucha oratoria y eso me ha beneficiado a la hora de hacer pitches, ya sea en publicidad, en música o cine, aunque las profesiones a las que apuntaba la Sociología, no me gustaban.
Luc Knowles con los protagonistas de su nueva película "Hugo 24"
¿Entonces fue cuando te orientaste hacia el cine?
Me marché a Bristol y estudié Film Studies en la University West of England, porque tenía una prima allí. Fui creyendo que iba a hacer algo muy práctico y realmente fue mucho más historia del cine. De vuelta en España hice un máster de producción audiovisual en Madrid, ya que un amigo de mi padre me dijo que si quería seguir insistiendo en esto del cine, tenía que tener en cuenta que en cada proyecto solo hay un director, pero mucha gente de producción. En su momento me pareció lógico, aunque yo no soy esa mente organizada, puntual, no es exactamente lo que me gusta. Y las prácticas me generaron mucha frustración: estás viendo muy de cerca lo que quieres hacer, sin hacerlo. Entonces, el director de autopromos de Mediaset, donde hacía las prácticas, me dijo: "Oye, vente a plató, vas a trabajar conmigo. Me he dado cuenta de que no te gusta lo que haces”. Y de ahí entré en una productora de publicidad, haciendo también videoclips y pasé de 0 a 100. Me posicioné rápidamente en la liga alta de la publicidad de España, derivando hacia la publicidad internacional. Llevo los últimos cinco años viajando mucho a Riad, Qatar y Egipto y es una experiencia muy divertida rodar allí y culturalmente muy enriquecedora.
¿Cómo fue tu primera obra cinematográfica?
Mi primera película indie podía haber pasado, como tantísimas otras, sin gloria y quedar como una anécdota o un aprendizaje. Sin embargo, tuve la enorme suerte de que ocurriera todo lo mejor multiplicado por mil, porque era una película muy pequeñita hecha en pandemia, cuando tenía el tiempo libre que me dejó la publicidad para escribir un guion. Una productora me dijo que le encantó y al salir de la pandemia empezaron a pre producirla. Entonces, todo fue muy rápido. Rodamos en el 21, salimos en el 22, fue la película Libélulas, tuvimos mucha suerte: Milena Smith, la nueva chica Almodóvar, dijo que sí al proyecto justo después de rodar Madres Paralelas. Y la película se nutrió de una estela y de publicidad gracias a ella. Entonces, fueron un par de carambolas. Caímos en Málaga y ganamos mejor actriz, Milena y Olivia y Premio Público y la publicidad de Málaga sí que te eleva, tiene mucha visibilidad para el gran público y te catapulta fácilmente. La película cogió muy buen nombre y a mí me ha posicionado muy bien. En mi segunda película, hablo con mis productores y les presento mi lista de Reyes Magos, y a todos los que he llamado, todos me han dicho que sí. Hemos hecho el mega casting: está Aron Piper, que creo que es el icono de esta generación de chavales. Como en su momento lo fue Mario Casas o antes, Juan José Ballesta. Creo que Aron representa al chaval cool actual, con esa serie de valores y ese arquetipo de belleza que gusta ahora mismo. Y Marta Tura, otras de mis actrices preferidas, que también me dijo que sí, porque le había gustado mucho Libélulas. También están Marco Cáceres, que es un actorazo con una proyección increíble, y Javi Pereira, que, además, es muy amigo, y Greta Fernández que es súper luminosa y con su sonrisa ilumina la pantalla. Está previsto que se estrene en primavera de 2026.
¿Consideras que el cine tiene un lenguaje universal o depende del público al que se dirige?
Creo que ambas cosas. Es un lenguaje universal porque se nutre de lo que universalmente todos conocemos y más en el tiempo actual en el que estamos sobre informados o sobre disparados de información, de contenido y especialmente de contenido visual. Lo tenemos en la mano todos 24/7 y no paramos de mirarlo. Pero, por otro lado, está totalmente compartimentado.
Se puede decir que te has criado entre dos tierras.
Sí, en casa siempre ha habido esa doble cultura y ese doble idioma. Mi padre no habla un inglés perfecto. Entonces, pasa una cosa muy curiosa, estamos hablando español y mi padre sale del salón y mi madre cambia al inglés y si él vuelve, cambia a español y entonces ahí hay un doble idioma constante y culturalmente siempre ha estado también vigente. Mi madre es muy inglesa, con un acento perfectamente británico, por eso hizo incluso cuñas para RENFE y radio , tiene ese inglés tan perfecto, tan medido, tan melódico; y toda la vida hemos visto la televisión en inglés porque ella quería, pero dice que ya no se imagina irse de España, pues lleva 35 años aquí, más que lo que estuvo en Inglaterra. Yo conecto más con la parte de la familia española, más vehementes, más viscerales, los enfados son dramas, somos más directos y nuestras sobremesas son más largas. En cambio, la cultura inglesa es más para adentro y más de guardar las formas. Un enfado puede ser un silencio y el humor se basa en el humor negro y la ironía. A mí me gusta mucho el humor español, pero a veces somos más burdos. Además, todos los veranos de mi vida, de pequeño hasta la Universidad, a mi hermana y a mí nos mandaban a Londres a casa de mi abuela, que vivía en una preciosa casa victoriana en un pueblo en Devon, y hemos ido muchísimo a ver a mis tías, que están en Londres. Allí cuando sale el sol, las calles y los parques se llenan de gente. A mí el mal tiempo nunca me importó, la lluvia no me deprime. Es todo otro ritmo de vida.
¿El cine que haces es 100% español o también le metes algún toque de cine británico?
Creo que sí, tiene algo estético del cine británico, que tiene en común con el español un aspecto que a mí me gusta: los retratos sociales. Las comedias son diametralmente opuestas. Pero cuando nos vamos al drama y al retrato social hay una visión común, como las películas de Ken Loach de toda la vida o aquí las de Fernando León de Aranoa, son películas que enseñan extremos, partes de la sociedad menos visibles y que terminan siendo unos retratos muy crudos en los que siempre hay un ligero toque de humor o de magia o esperanza, casi documental. Cuando viví en Bristol encontré en el imaginario algo que he trasladado a mi cine. Había una serie que fue un gran boom en el Reino Unido, la serie Skins, sobre adolescentes, se rodaba en Bristol y era justo cuando yo estaba allí y recuerdo verla en televisión y cómo me impactó.
¿De qué manera te sirve tu trabajo en publicidad a la hora de rodar una película?
Gracias a la publi ruedo más rápido y también tengo el ojo educado. Cuando llego al rodaje tengo muy claro lo que quiero y lo saco muy rápido, no tengo muchas dudas, ruedo sabiendo cómo va a ir montado, aunque luego, mi editora me hace propuestas que a veces ganan a lo que yo tenía escrito y dando la vuelta a un diálogo, de repente, la siguiente escena tiene más fuerza. De la publicidad saco muchas tablas y aguante ante la presión, porque tienes un combo con cinco clientes respirándote en la nuca. Ahí sí que hay una presión fuerte de verdad. En cine lo disfruto, aunque cuando hay mucha gente apostando por ti, por tu proyecto, entonces tienes una responsabilidad grande, pero es más una presión contigo mismo, es distinto.
Cuéntanos los proyectos que tienes entre manos.
Además del paso por festivales y el estreno de Hugo 24, tengo una película increíble que escribí el año pasado y está ya, estoy muy contento porque se trata de un guion a medias con Ángeles González Sinde, un drama con un poquito de acción; tengo también un par de guiones, uno de historias cruzadas y algún otro proyecto por ahí que no se puede contar aún. Viendo los tiempos en cine, tienes que espabilar y abrir ventanas, porque luego muchas se van cerrando.
¿Y no te pide el cuerpo volver y quedarte más tiempo en el Reino Unido?
Cuando estaba allí, sí me habría gustado quedarme, pero luego llegas aquí y este mundo artístico audiovisual es una burbuja muy potente en el que, cuando estás empezando a crear unos contactos y construyendo algo, si te vas, lo pierdes. Ahora que mi carrera está más asentada, quizá sería una opción volver. Principio del formulario

