El Reto ToroEnMoto: persiguiendo al Toro de Osborne - Carta España
El Reto ToroEnMoto: persiguiendo al Toro de Osborne Españoles en el Mundo
No solo se pueden perseguir unicornios. Julio Álamo, un informático de profesión, “motoviajero” y emprendedor, pero sobre todo es un aventurero, nos descubre que también se pueden perseguir toros. Padre de dos adolescentes, se define como una persona “siempre curiosa y con ganas de moverme”. Y vaya si se mueve: a lomos de su moto, ha recorrido medio mundo en busca de un símbolo, aparentemente muy nuestro, el Toro de Osborne, diseñado en 1956 por Manolo Prieto. Este increíble y original reto le ha llevado incluso hasta Latinoamérica y ahora a Asia. Carta de España ha querido saber más sobre esta curiosa expedición, de la que es pionero, pero que aspira a convertirse en una auténtica ruta de descubrimiento.
¿De dónde surge el Reto ToroEnMoto?
En un viaje entre Madrid y Barcelona, a la altura de Medinaceli, después de haber visto los toros de Guadalajara, Gajanejos y Torremocha del Campo, se me ocurrió acercarme para hacerme una foto. Y así, uno tras otro, seguí hasta llegar a Barcelona. Fue simplemente una casualidad, nada planeado. Jamás imaginé que una simple foto desencadenaría todo lo que hoy estoy viviendo.
¿En qué ha consistido hasta el momento y qué tienes proyectado hacer? ¿Haces el reto solo o acompañado?
Han pasado ya algo más de siete años desde aquella primera foto con un toro de Osborne. Desde entonces, he desarrollado una web totalmente gratuita donde más de 300 participantes han comenzado su propio reto, empezando por el toro más cercano a su ciudad: https://www.toroenmoto.com.
En ella pueden seguir su progreso y consultar el ranking del reto. He removido cielo y tierra para dar a conocer esta iniciativa, que no va solo de hacerse una foto con el símbolo más reconocido de nuestro país, sino de descubrir lugares, pueblos abandonados, carreteras perdidas, gastronomía e historia. Es, en el fondo, un regreso a los orígenes. Tras pasar por Turquía, crucé la frontera de Georgia, siguiendo Rumbo a Japón. Salí el pasado 3 de mayo desde El Puerto de Santa María, en Cádiz, con solo un “billete de ida” y un destino claro: llegar al último y único toro de Osborne que hay en Asia, y así cerrar este reto y este ciclo. Viajo solo. Este es un viaje íntimo y un reto totalmente personal. Es mi manera de disfrutar, de estar conmigo mismo, con mis pros y mis contras. Sé que no todo el mundo puede dejar atrás a la familia y al trabajo, y por eso valoro cada kilómetro y cada bocanada de aire.
¿Cuál es el objetivo que persigues con ello?
Soy padre de dos adolescentes. Para mí, esta aventura también es una forma de dejar un legado a mis hijas: demostrarles que, con trabajo y esfuerzo, incluso cuando la vida pone obstáculos, todo llega. Que los sueños se cumplen si se luchan. Y que recuerden que su padre, un día, se subió a una moto y se fue a buscar un toro de Osborne en el país del sol naciente. Porque al final no se trata solo de llegar lejos, sino de dejar huella en el camino. Y este es el mío para ellas.
El Toro de Osborne parece un símbolo muy español y a todos nos queda claro que hay muchos repartidos por las carreteras a lo largo y ancho de nuestro país, pero lo que pocos saben es que también existen fuera de nuestras fronteras, verdad? ¿Cómo te enteraste tú?
A raíz de empezar a subir las fotos a la web y compartirlas en redes sociales, empecé a recibir mensajes de personas avisándome: “Mira Julio, en mi pueblo hay uno”, “este toro lo han pintado”, “aquí lo han tirado”, “está deteriorado”… Pero lo que más me sorprendió fue cuando gente de México me escribió para decirme que en su ciudad había un toro grande y negro. Eso me llevó a investigar y descubrí que, efectivamente, también hay toros de Osborne en México, Dinamarca… ¡y hasta en Japón!
¿A qué países y lugares te ha llevado esta aventura?
En una primera fase recorrí, como era de esperar, todos los toros de la península, además de los de Melilla y Mallorca. Siempre hay que empezar por los de casa. Después vinieron los de México, y en el verano de 2024 fui a Dinamarca. En un principio, ese viaje iba a realizarlo junto con el de Japón en 2022, pero los conflictos entre Rusia y Ucrania dificultaron mi paso hacia Asia y tuve que posponerlo. Llegar a Japón con mi Triumph Tiger 1200 Rally Explorer me llevará a cruzar 13 países, 15 pasos fronterizos y más de 8 husos horarios. Pasaré por países de la antigua Unión Soviética en Asia Central, por la región del Cáucaso Sur y Norte —incluidas las repúblicas de Daguestán y Chechenia dentro de Rusia—, y también por Mongolia, Corea del Sur y, finalmente, Japón.
¿Cómo reaccionó tu familia y tu entorno al enterarse del proyecto?
La verdad es que quienes me conocen saben que soy alguien que cumple su palabra, y que cuando me propongo algo, nada me detiene. Al final, la familia es donde uno se siente más arropado y donde siempre se encuentra el mayor apoyo.
¿Algunas anécdotas que te hayan ocurrido y algunas dificultades o problemas con los que te hayas topado?
Las anécdotas superan con creces las dificultades o los obstáculos que haya podido encontrar. Lo más bonito de toda esta historia ha sido conocer a personas cuyos padres o abuelos trabajaron colocando los toros en las carreteras o fabricándolos. Son historias que no vienen escritas en ningún libro. Que alguien abra su álbum familiar y le enseñe a un desconocido —que un día decidió recorrer todas estas figuras— una foto de su padre y su tío en el taller de chapa, montando las vallas metálicas que forman el toro… eso no se puede pagar ni explicar. Solo se puede vivir.
En algún momento se ha dicho, aunque parece que no ha prosperado la iniciativa, que iban a hacer desaparecer los toros de Osborne, por tratarse de un icono rancio de tiempos que remiten a una etapa política oscura. Un dato curioso es que el primer toro de Osborne se colocó en la carretera Madrid-Burgos a la altura de Cabanillas de la Sierra en 1957. ¿Qué supondría para ti que los acabaran quitando?
En 1994, una ley en España prohibió la publicidad en las carreteras, lo que afectaba directamente a los toros de Osborne, ya que originalmente eran anuncios de una marca de brandy. Sin embargo, debido al gran aprecio popular y a su valor cultural y simbólico, se generó un fuerte movimiento en defensa de estas figuras. En 1997, el Tribunal Supremo dictaminó que el toro de Osborne debía permanecer en su lugar, no como un elemento publicitario, sino como parte del paisaje cultural y artístico de España. Ese fallo fue considerado, simbólicamente, un “indulto”. Desde entonces, el toro dejó de ser simplemente un anuncio y se convirtió en lo que es; un icono nacional. No creo que desaparezcan, y espero que nunca lo hagan, porque no se trata de un símbolo ligado a la política ni a la tauromaquia; simplemente es un símbolo muy español, muy nuestro.
¿Los sueños se cumplen?
Sí, a veces los sueños se hacen realidad. Aunque suene a tópico, no siempre es así. En estos siete años de trabajo siempre pensé que si algún día pudiera salir de casa con destino a Matsunoyama Onsen, mi sueño sería hacerlo desde la bodega de Osborne del Puerto de Santa Maria. El día 1 de mayo llegué allí con la intención de preparar la salida. El sueño fue cuando desde Osborne me dijeron que habían preparado un lugar donde mi moto se podría quedar expuesta hasta la salida. Era el lugar que yo siempre había soñado.
Por Sonia Martín
NIPO: 121-21-001-7

