Luces y sombras de Goya en Bruselas: un diálogo vivo entre siglos Panorama

Más de doscientas obras de arte españolas, un tercio de ellas de Francisco de Goya, se pueden visitar hasta el próximo 11 de enero en el Museo de Bellas Artes de Bruselas (Bozar) en el marco del festival Europalia, que Bélgica dedica cada dos años a un país europeo y que en su trigésima edición está protagonizado por la cultura y el arte españoles. Los Reyes, Felipe y Letizia, junto a los monarcas belgas Felipe y Matilde, fueron los primeros en visitar Luz y sombra. Goya y el realismo español, una muestra coral que no aspira a ser una retrospectiva del genio aragonés, sino un canal para explorar su legado en los artistas que le sucedieron hasta la actualidad para contar su relevancia actual.

La exposición propone una lectura renovada del arte español tomando como eje la figura de Francisco de Goya y Lucientes (1746–1828) y la profunda tradición realista del país. Desde el siglo XIX, el pintor aragonés se ha convertido en un símbolo de identidad nacional y en un punto de referencia ineludible para comprender la evolución del lenguaje artístico español.

La muestra invita a explorar las múltiples capas —a menudo contradictorias— que han surgido en torno a ese legado. Lo hace a través del diálogo con el Siglo de Oro, especialmente con la pintura del siglo XVII, y con la reactualización de lo místico y lo picaresco, dos pilares que definieron un nuevo régimen visual. Este enfoque permite descubrir cómo en la obra de Goya conviven dimensiones aparentemente opuestas: intimidad y crudeza, ideal y trascendencia, humor y violencia, exaltación de la vida y contemplación de la muerte. En ese equilibrio inestable reside buena parte de la modernidad del artista.

El recorrido pone en contacto el legado formal y conceptual de Goya con obras de artistas españoles desde el siglo XVIII hasta nuestros días. A través de ecos, citas y resonancias, estos creadores reinterpretaban —y reinterpretan— su herencia para avanzar mirando hacia atrás, fieles a una tradición cultural profundamente arraigada.

Goya: el artista polifacético y el espíritu crítico de una época convulsa

Pocas figuras en la historia del arte reflejan con tanta intensidad la complejidad de su tiempo como Francisco de Goya. Su obra se despliega como un vasto archivo visual de una época en la que España vivió profundas transformaciones: el final del Antiguo Régimen, la irrupción de las ideas ilustradas, la guerra napoleónica y los inicios del liberalismo. Goya fue testigo privilegiado y, a la vez, intérprete inquieto de su siglo; por eso su arte no sólo registra hechos, sino que revela un agudo espíritu crítico que atraviesa cada una de sus etapas.

Retratos de Francisco Bayeu
 

Y es precisamente la versatilidad de su trayectoria la que se pone perfectamente de manifiesto en la exposición Luz y sombra. Goya y el realismo español. Pocos artistas han desarrollado con la misma soltura que él facetas tan diversas como son el pintor de corte, capaz de retratar la solemnidad de la monarquía borbónica con una penetración psicológica inédita, el observador costumbrista, que plasma fiestas populares, majos y escenas de ocio con ironía y cercanía, el grabador experimental, que explora la técnica al servicio de la sátira y la denuncia social y el visionario, autor de las Pinturas Negras, donde el subconsciente y la angustia emergen con fuerza casi expresionista.

Para poder reflejar todas estas vertientes, Luz y sombra. Goya y el realismo español se articula en torno a tres grandes ejes : Goya pintor, entre el barroco y el clasicismo ; Goya iluminado, formas cultas y formas populares ; y Goya en síntesis, expresión y abstracción. Arranca la exposición con dos retratos que se miran como en un espejo : por un lado el autorretrato de Francisco Bayeu, el que fuera maestro y mentor de Goya -además de su cuñado- y quien lo introdujo en la corte, y por el otro, el retrato que Goya le hizo a él en 1786. Comparando los dos cuadros, se aprecia claramente el clasicismo del autorretrato, mientras que el lienzo de Goya tiene ya una pintura mucho más viva e instintiva, más sensual, lo que no era del gusto de la época. El genial pintor empezaba ya a desmarcarse del academicismo y a adentrarse en una senda artística personal y nunca vista hasta entonces. Los trazos gruesos y difuminados que se observan en este retrato, cedido para esta muestra por el Museo del Prado, se consideran ya precursores del impresionismo que llegará un siglo después.

Pese a no ser una exposición exclusiva de Goya, sí es la mayor reunión de obras del genio que ha tenido jamás lugar en Bélgica. Los cuadros más emblemáticos se han quedado en España –también porque ya están preparándose las muestras conmemorativas del segundo centenario de su muerte, que se celebrará en el 2028– pero sí hay grandes obras que en pocas ocasiones han podido verse en otros países europeos. Por ejemplo, destaca, además de las series de grabados Los caprichos o los Disparates, El corral de locos, lienzo pintado al óleo sobre una plancha de hojalata en 1794, que ha viajado desde el Meadows Museum de Dallas, Estados Unidos. ‘Un corral de locos y dos que están luchando desnudos, y el que los cuida cascándoles…’ Así describe Goya esta escena en una carta, añadiendo que él mismo la presenció en un hospital psiquiátrico de Zaragoza. Falta por determinar con exactitud si, como apuntan los datos, lo hizo visitando a dos miembros de la familia Lucientes allí internados, o por causa de sus propias dolencias psiquiátricas; un año antes sufre uno de los brotes que se repetirán a lo largo de su vida. Este cuadro, totalmente innovador en cuanto a técnica y temática -aborda ya el tema de la locura, cuestión tabú incluso en nuestros días-, deja presagiar lo que más adelante será su época negra.

En la última parte de la muestra, la dedicada a la expresión y abstracción, se pone de manifiesto cómo la visceral radicalidad de las Pinturas Negras anticipa el informalismo expresivo de Antonio Saura, lo que se observa claramente en su cuadro Crucifixión (1959), cedido por el IVAM, Insituto Valenciano de Arte Moderno. Por su parte Picasso compartió con Goya su fascinación por la tauromaquia, su indignación ante las crueldades del mundo, su libertad de tono y creación, y una forma de modernidad. En la exposición se contempla cómo ambos artistas abordan el tema de la tauromaquia desde diferentes perspectivas: Goya enfatiza la crueldad, la violencia y el sacrificio, mientras que Picasso, aunque arraigado en la tradición, lo aborda desde un punto de vista más hedonista. Cierra la exposición el cuadro perteneciente a la colección permanente del Museo Thyssen Corrida de toros, lienzo que forma parte del conjunto de quince obras que el artista malagueño pintó sobre la tauromaquia en la mitad de la década de los 30 y que se pueden considerar en algunos aspectos preludio del Guernica.

Además de los artistas mencionados, Elena Blasco, Luis Gordillo, Delhy Tejero, Eduardo Arroyo o Jorge Oteiza son otros de los nombres propios elegidos para sorprender en el recorrido. También hay obras creadas específicamente para la muestra : el cineasta Albert Serra proyecta la videoinstalación de doce minutos Tauromaquia, derivada de su película Tardes de Soledad que ganó la Concha de Oro de la edición del año pasado del Festival de Cine de San Sebastián.

Texto : Ángela Iglesias Bada

Fotos : Bozar

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