Condena entre bambalinas Cultura y Sociedad

Al igual que les pasaba a las presas cuando llegaban a la cárcel de mujeres de Yeserías en los años 80, cumplir condena no era una oportunidad, sino una depresión terrible. De esa misma manera lo sentía Elena Cánovas, ex funcionaria de prisiones y directora de Yeses. Han pasado cuarenta años del primer proyecto teatral en la cárcel. Casi mil reclusas. Y una certeza. “El 90% de ellas han conseguido rehabilitarse y rehacer su vida”, asegura la también dramaturga, convencida además de que el teatro ayuda a la reinserción social de las reclusas.

Después de casi dos años cumpliendo condena, Andrea Plata, colombiana, tuvo su primer permiso ( debes de llevar un cuarto de la pena cumplida) en diciembre de 2024. Sintió que tenía  “medio pie fuera”. Cuenta que cuando la funcionaria le abrió la última verja se quedó temblando, paralizada y llorando. Nueve días después volvió a la prisión de Alcalá Meco. Ya nada sería igual. Aquel permiso fue una oportunidad. Y no la desaprovechó. Algo parecido le sucedió a Mariana Popoca, mexicana.  Con una condena de siete años por tráfico de drogas. “Un engaño, un supuesto plan de vacaciones con mi hermano”  terminó con ambos entre rejas. También ha disfrutado del mismo permiso. Esa condición es indispensable para acceder al grupo de teatro Yeses. Una compañía que se creó en la antigua cárcel de Yeserías en 1985 y que posteriormente pasó a la prisión de Carabanchel mujeres.  Y por la que han pasado casi mil reclusas. “El 90% de ellas han conseguido rehabilitarse y rehacer su vida” asegura convencida Elena Cánovas, dramaturga, directora de Yeses y exfuncionaria de prisiones de que “el teatro es la mejor terapia que tenemos”.

Para ambas son días intensos. Ocho de las quinientas presas preparan el estreno de “Soldadescas”. Una inusual comedia que constituye una crónica de las compañías de soldados que desenmascara la retórica militar.  “Cuando termina el asedio de Breda, Velázquez llevaba dos años en la corte…” resume con suspense Popoca sobre la escena que en ese momento están representando. En los ensayos no hay público. Sólo funcionarios de la cárcel,  algunas presas y  Elena Cánovas. “Somos una compañía teatral de creación colectiva, así lo demostramos a finales de los ochenta con la obra: “Mal bajío” que trata sobre la vida dentro de una cárcel de mujeres, después han seguido otros textos como “ La balada de la cárcel de Circe”, “ El don más preciado que nos dieron los cielos”, “Libertas, libertatis”…

 Para ellas también el teatro es la epifanía de la libertad. Las condiciones del centro nada tienen que ver con las de los años 70, “espacios un tanto inhóspitos”, hacinados. Ni con proyectos como el de Jeremy Bentham, filósofo y jurista inglés. Su cárcel perfecta estaba basada en el proyecto Panopticón, un edificio redondo, compuesto de innumerables celdas solitarias, provistas de grandes ventanas enrejadas, todas las cuales podrían ser vigiladas por un solo guardián atisbando desde una torre en el centro del círculo. El funcionario podría ver a los presos, pero estos no a él. Un sistema de aislamiento y soledad alejado de ser un modelo de rehabilitación y reinserción social.

Lo que no ha cambiado es el motivo. La mayoría están recluidas por delitos relacionados con las drogas. Una penitencia que admiten susurrando. Una condena que se hubiera hecho imposible su no fuese por el teatro. Eso admiten.  En la Constitución española de 1978, en su art. 25.2 consta: “las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social y no podrán consistir en trabajos forzados”.

Retornar a España

Según el Anuario estadístico del Ministerio del Interior 2023, el  volumen de población reclusa extranjera había aumentado en 935 internos en relación con 2022. Al finalizar 2023, el porcentaje de población reclusa extranjera era del 31,2 %, un 1,1 punto porcentual más con respecto al año anterior.

La historia de Pilar se escribe al revés. Hace veinticinco años  que cumplió condena en Colombia. No era habitual ver a una española en una cárcel de Sudamérica. Su solicitud de traslado a España fue casi  inmediata pero pasó tres años y medio de condena allí hasta terminar de cumplirla ( tres años más)  en  la cárcel de mujeres de Madrid. 

Las solicitudes de traslado a España de españoles condenados en el extranjero se rigen por la aplicación de los Convenios que regulan el traslado de personas condenadas. El Ministerio de Justicia abre el expediente de traslado y solicita a la Autoridad Central del país de condena el envío de la Documentación necesaria para autorizar el traslado a España.  Tras la autorización, el Ministerio de Justicia lo pondrá en conocimiento de Interpol, la Audiencia Nacional del país de condena, del solicitante y de instituciones penitenciarias…. Cánovas recuerda lo difícil que eran estas situaciones en el año 2000 si no tenías contactos o influencias. “El principal motivo para pedir retornar a tu país es la familia y después la  privación de derechos en las cárceles de Sudamérica, la falta de recursos, el hacinamiento, el acceso a actividades, a la cultura”. Cuando llegó Pilar algo conocía de Yeses. Empezó acompañando a otra reclusa al taller de teatro.  Y terminó por ser parte de la compañía. La obra que representó era “Fuera de quicio”, una comedia disparatada ambientada  en un manicomio. “El teatro le cambió la vida y ella contribuyó a hacer grande a Yeses con su actitud, trabajo y buen hacer” agradece la directora al reconocer el final feliz del procedimiento para retornar a España.

Plan de vida entre rejas

La disciplina escénica para una persona privada de su libertad es un plan de vida. Andrea y Mariana  coinciden en “ver este centro penitenciario más como un internado, nada qué ver con las cárceles de nuestro país, donde las únicas oportunidades que te ofrecen es estudiar bachilleres , siendo impensable hacer talleres de teatro o radio como aquí ” . La compañía Yeses lleva desde  el 9 de Enero preparando “Soldadescas” Dieciséis actores y actrices  sobre el escenario del salón de actos de Alcalá Meco. Dos de ellos, Rubén  Cobos y Carlos Manrique, actores profesionales. Todos ensayando cuatro horas diarias. “Lo más difícil es interpretar”, se justifican ellas. El tiempo aquí sobra para memorizar textos, como demuestran al entonar la canción final de Soldadescas:

Llevamos nuestra carreta

repleta de mil historias

y es nuestra mayor victoria

dormir bajo las estrellas.

Viajamos de pueblo en pueblo

en alas de fantasía

por bandera la poesía

que ondea al soplo de un sueño

Sobre unas tablas humildes

Montamos nuestro escenario…

Y así, por las carreteras

continuamos rodando

viajamos juntas cantando

eternas y rodaderas

“Esas voces van a despertar la conciencia de mucha gente cuando vean la obra”  se escucha desde las primeras filas. Hay emoción,  verdad, sentido común. Todo cabe en el teatro social. Es verdad que en el cautiverio se despliega un imaginario de sueños y promesas . También de certezas. Cuando acabe la gira de Soldadescas en Almagro el 22 y 23 de Julio, la situación de Mariana puede cambiar.  “Espero obtener el tercer grado  y en un futuro regresar a mi país sabiendo que durante cinco años no podré entrar en la Unión Europea”. Conoce muy bien la legislación y el reglamento penitenciario. Un entramado en el que encontró un resquicio que atemperase la condena.  Se emocionó  viendo  “Descalzas” como espectadora en la cárcel.  Y una vez dentro de la compañía de teatro se sintió actriz, faceta que no descarta desarrollar cuando termine su encierro. Tiene en quién fijarse. “Hace poco vi un reportaje de Blanca Portillo y me impactó el monólogo de “Silencio” con esa riqueza lingüística, pero también con la gesticulación con las manos, las muecas….”

 Toca bajarse del escenario, despedirse del personaje, apagar las luces y recuperar la identidad en el espacio carcelario. Número 20…70   y 20…50 recuperan rutinas.  “Cuando no tienes actividades el día se hace eternamente largo”.  Todo son esperas, por lo que la paciencia es un salvoconducto que hay que tramitar diariamente. “Dos horas y media a la abogada, en el comedor media hora, lo mismo que en el economato. Por eso lo tomo como una escuela de entrenamiento para controlar mis impulsos”. Andrea ha aprendido a ser obediente y respetuosa. “Aquí cada cosa que haces debes hacerla excelente porque si te pones de agresiva no te vale ni aquí ni fuera”

A diario va a la escuela para aprender inglés, lengua y matemáticas. Casi dos horas para después comer y pasar a “estar enchapada en la celda tres horas” (se refiere a estar dentro) hasta que vuelve al teatro.  La asignación de tareas en la cárcel  es muy flexible. Depende del tipo de interno con el que se trabaje, su compromiso, aptitudes, intermediación, liderazgo. El trabajo debe tener una función educativa, rehabilitadora  y de reinserción social. Tres veces al día Mariana se encarga de “servir las comidas y lavar los trastes de cocina”. Una disciplina que comienza a las 8:00 de la mañana y que termina puntualmente a las 9:40 de lunes a viernes. Hasta las 12:45 tiene tiempo de hacer ejercicio y  estudiar  para después comenzar el turno de comidas hasta las 14:30. El tiempo de estar enchapada, “algunas prefieren decir siesta” – no se resiste a reírse mirando a sus compañeras de teatro-  lo aprovecha para leer. Si no hay ensayos, participa en otras actividades hasta que deba servir la cena antes de que la celda se cierre a las 20:30.

La discusión del fracaso de lo institucional, de un sistema penitenciario excluyente y encerrado en América Latina está muy presente entre las presas. La agresividad como un recurso de supervivencia. “Allí la sociedad los relega al olvido, marcados de por vida, la reincidencia es la mejor prueba del fracaso del sistema”.  Andrea habla sin ambages. “Me siento a salvo aquí porque pensé perder la vida fuera” haciendo referencia al conflicto armado de Colombia. Y para que quede claro desvela sus intenciones. “He hablado con la jurista para pedir asilo político porque quiero protección internacional por los problemas que tengo en Colombia”.

Descifrar el cautiverio de Mariana resulta más sencillo. La reacción a una conducta infractora le dejó una primera reflexión a las pocas de semanas de cumplir condena. “Lo que me dicen de las cárceles en México es referido al miedo, la violencia y estar siempre a la defensiva. Allí, ¡para nada  tendría las mismas oportunidades¡”. Lo enfatiza al añadir que su tío es abogado  especialista en derecho penitenciario. Aquí en España hubo un tiempo en el que la cárcel era un lugar inconcino, un espacio de sometimientos despóticos. Lo sabe muy bien Elena Cánovas.  “Cuando ingresé como funcionaria a finales de los 70, las cárceles eran espacios un tanto inhóspitos , duros que, junto con la enfermedad de las internas (la mayor parte de ellas eran toxicómanas), hacían muy difícil la estancia y la convivencia; en estas circunstancias resultaba imposible la reinserción social. En la actualidad las cárceles han cambiado naturalmente a mejor,  al igual que esta sociedad que construimos entre todos más humana y progresista quiero pensar”.

Mariana Popoca y Andrea Plata actuando

Actrices  reclusas

La persona privada de libertad es una concatenación de sentimientos. Llevarlos al personaje que interpretan es  algo fúlgido, brillante.  Por eso el mérito es mayor, recalcan los profesionales que están alrededor del proyecto “Soldadescas”. La mayoría de reclusas no se ha subido a un escenario. No sabían manejar la actitud, el silencio, un aparte, un aplauso.  Construir el carácter del personaje como el conjunto de rasgos físicos, psicológicos y morales requiere de un método propio. Cánovas escucha.  “Soy muy expresiva, sensible, me intimida los comentarios del público” “Quisiera que me viesen como una persona de la calle que se dedica al teatro y no como un número de serie en mi frente.”  No le faltaba razón a Konstantín Stanislavski, actor, director y pedagogo teatral, cuando decía que “un actor debe trabajar toda su vida, cultivar su mente, desarrollar su talento sistemáticamente, ampliar su personalidad; nunca debe desesperar, ni olvidar este propósito fundamental: amar su arte con todas sus fuerzas y amarlo sin egoísmo”. En eso está Mariana Popoca, que incluso no descarta dedicarse a la interpretación cuando salga. De momento piensa en la gira de Soldadescas por Madrid. Clásicos en Alcalá 28 de Junio ( Centro Cultural Gilitos) y Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro ( Corral de Comedias 22 y 23 y de Julio) Nada tendrá que ver con aquellas imágenes de las presas saliendo de los  furgones esposadas, con la policía acordonando el edificio. Representar y volver a la cárcel. Era finales de los 80. “El ser humano te responde si tú crees en él. Cuando hacíamos esas salidas en la cárcel de Yeserías las presas alguna vez tuvieron la oportunidad de fugarse y no lo hicieron”,  pone en valor con el recuerdo Cánovas.

 

Presos de la cultura

En España hay alrededor de 58.000 presos en la actualidad y 21 grupos o talleres de teatro activos en los centros penitenciarios que dependen de la Administración General del Estado (todos, salvo los ubicados en Cataluña y País Vasco). Cada proyecto tiene su propio enfoque y están gestionados o bien por personal penitenciario o bien por entidades colaboradoras externas (a veces hay fórmulas híbridas). Entre ellas, el Centro Dramático Nacional colabora con la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias a través de un programa que permite que internos e internas de varias prisiones de la Comunidad de Madrid acudan en salidas programadas a ver obras de teatro en el exterior. Un proyecto que incluye también coloquios con actores y directores de las representaciones vistas. Estos encuentros o talleres se realizan en el centro penitenciario.    Eso sí para asistir a este tipo de salidas los presos tienen que tener la cuarta parte de la pena cumplida y estar clasificados en segundo grado.

En un centro penitenciario hay propuestas de mediación cultural, conferencias, charlas con representantes del mundo de la cultura, actuaciones, proyectos radiofónicos. “Se trata de acercar al individuo a la sociedad dándoles la oportunidad de un desarrollo integral y de estimular sus aptitudes creativas”. También con la lectura. En diciembre había catalogados 877.127 volúmenes en las prisiones dependientes de la Administración General del Estado. Y durante 2024 se crearon grupos y talleres de lectura en 38 centros penitenciarios con programas tan exitosos como “Libros que saltan muros”.

Por Miguel Nuñez

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