20/04/2026

España

Un artículo publicado en la revista internacional Cogitatio analiza el papel de los medios y la desinformación en episodios de violencia racista

Temática:

  • Racismo y xenofobia

Tipología:

  • Publicaciones, informes y declaraciones
  • El artículo analiza la cobertura mediática de los disturbios ocurridos en Southport (Reino Unido) en 2024 y Torre Pacheco (Murcia) en 2025
  • El análisis comparado evidencia un patrón común: la desinformación en redes sociales actúa como catalizador de la violencia racista, y los encuadres mediáticos contribuyen a trasladar esas narrativas al espacio público
  • La cobertura periodística sitúa la inmigración en el centro del debate sobre cohesión social, recurriendo a categorías simplificadas que refuerzan la alteridad de las minorías

Elisa Brey, perteneciente al Departamento de Sociología Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid, analiza en la revista internacional de comunicación Cogitatio la cobertura mediática de los disturbios ocurridos en Southport (Reino Unido) en 2024 y Torre Pacheco (Murcia) en 2025, poniendo el foco en la representación de las minorías y el papel de la desinformación. La investigación subraya el impacto de los marcos informativos y del discurso de odio digital en la escalada de tensiones que afectan a la convivencia y la cohesión social.

El análisis de la cobertura mediática de episodios de violencia vinculados a discursos racistas y xenófobos constituye una herramienta relevante para comprender los riesgos que afectan a la convivencia y a la cohesión social en sociedades diversas. En este contexto se sitúa este artículo, que examina de forma comparada el tratamiento informativo de los disturbios ocurridos en estas dos localidades de Reino Unido y España.

La investigación analiza 298 noticias publicadas en diarios de referencia de orientación progresista y conservadora en ambos países, a partir del estudio de los titulares de prensa. Este enfoque permite observar qué temas adquieren mayor visibilidad y cómo se enmarcan los acontecimientos, teniendo en cuenta que los titulares actúan como elementos clave en la construcción de la opinión pública. A través del análisis de la agenda mediática y de los encuadres informativos se examina qué actores son considerados responsables, qué colectivos aparecen como destinatarios de la violencia y cómo se define el problema de la cohesión social en contextos de crisis.

Entre los principales resultados destaca que, tras los episodios iniciales de violencia individual, se activaron campañas intensas de desinformación en redes sociales en las que los hechos se atribuían a colectivos concretos en función de su origen, religión o estatus migratorio. Esta secuencia: hecho violento, desinformación y posterior movilización; se repite en ambos países con independencia del contexto nacional. Las narrativas digitales precedieron así a episodios de violencia colectiva dirigidos contra personas migrantes, musulmanas y otros grupos, trasladando al espacio público mensajes previamente difundidos en entornos digitales y amplificados mediante determinados marcos discursivos.

Medios, inmigración y construcción del conflicto social

El estudio pone de relieve que la inmigración ocupa una posición central en los debates mediáticos sobre cohesión social, incluso cuando no constituye el factor explicativo directo de los sucesos analizados. Esta centralidad se observa tanto en la prensa progresista como en la conservadora, aunque con diferencias en el peso otorgado a actores como la extrema derecha, las autoridades o las comunidades afectadas. En el caso británico, el debate se vincula con mayor frecuencia a cuestiones de orden público, seguridad y control, mientras que las referencias a la diversidad social y cultural presentan una presencia más limitada.

En el contexto español, la cobertura de los disturbios de Torre Pacheco muestra una mayor visibilidad relativa de las personas pertenecientes a minorías en comparación con el caso británico. No obstante, estas referencias se realizan habitualmente mediante categorías simplificadas basadas en la nacionalidad, el origen geográfico o la situación administrativa. Este tipo de representación contribuye a presentar a las minorías como grupos homogéneos y a reforzar su posición como sujetos externos al “nosotros” social, limitando la visibilización de su diversidad interna y de sus trayectorias sociales diferenciadas.

El análisis identifica asimismo que la reproducción acrítica de declaraciones políticas, marcos discursivos polarizadores y contenidos procedentes de la desinformación online favorece la legitimación de narrativas que vinculan la diversidad social con la inseguridad o el conflicto. En este sentido, la cobertura informativa tiende a priorizar los disturbios y las respuestas policiales y judiciales, mientras que factores estructurales relevantes para la convivencia como la desigualdad socioeconómica, la radicalización ideológica o el impacto sostenido del discurso de odio digital reciben una atención menor.

Los datos posteriores a los disturbios recogidos por el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (OBERAXE) evidencian la magnitud de la actividad de odio en redes sociales. En el caso de Torre Pacheco se detectaron más de 138.000 mensajes racistas y xenófobos en tan solo 17 días, dirigidos mayoritariamente contra personas de origen norteafricano, lo que evidencia la persistencia de discursos y prácticas racistas e islamófobas.

Desde una perspectiva contextual más amplia, estos resultados pueden complementarse con investigaciones previas a los sucesos sobre convivencia en España, como el estudio de la Universidad Pontificia Comillas sobre la coexistencia cotidiana entre población inmigrante y población nativa en barrios populares, que identifica factores estructurales de estabilidad social y advierte de los riesgos asociados a su debilitamiento. La lectura conjunta de ambos enfoques pone de manifiesto que la convivencia social no depende únicamente de dinámicas locales de proximidad, sino también de los marcos informativos y digitales que configuran la percepción pública de la diversidad. En este sentido, la monitorización de la cobertura mediática y del discurso de odio constituye un elemento clave para anticipar tensiones y reforzar las estrategias institucionales de prevención.