Arriba

Gustau Nerín

El legado de las personas africanas y afrodescendientes a España. Ciclo de ideas para la reflexión: El invisible, pero irrenunciable, legado colonial africano en España. Gustau Nerín . Profesor de Historia de África en la Universitat de Barcelona. Antropólogo de formación, es autor de libros sobre la presencia española en África como Traficants d’ànimes o La última selva de España.

Algunas ciudades europeas, como Lisboa, París o Liverpool, muestran de forma evidente su pasado colonial africano. Sus edificios, sus monumentos y el nomenclátor de sus calles y sus plazas recuerdan el paso de sus ciudadanos por territorios africanos. No es el caso de España. En la mayor parte de ciudades españolas, nada, o muy poco, recuerda el pasado colonial marroquí, saharaui o guineano. La asimétrica relación establecida en el período colonial perdura en la actualidad.

Por el contrario, al pasear por las calles de Malabo, Bata o Tetuán, son continuos los recuerdos de la presencia española. Y no sólo a nivel arquitectónico, también a nivel lingüístico, gastronómico, festivo... O incluso político. Los carteles de “Todo por la Patria” que lucen todos los cuarteles guineanos recuerdan hasta qué punto la política de Guinea Ecuatorial todavía está condicionada por la presencia española.

Para España, sus colonias africanas no fueron imprescindibles, ni a nivel económico, ni a nivel demográfico, ni a nivel geoestratégico… España, ni envió a cientos de miles de sus habitantes a vivir a África, como Portugal; ni obtuvo ingentes riquezas de los territorios africanos, como Bélgica; ni consiguió recuperar el autogobierno gracias a sus colonias, como Francia; ni llegó a dominar inmensas extensiones de tierra africana como Inglaterra.

Esto no quiere decir que España no participara del fenómeno colonial en África ni que no compartiera el pensamiento colonialista. La población jaleó al general Prim cuando se fue a la guerra de África en 1859; los medios de comunicación propusieron y aplaudieron la “campaña de venganza” contra los rifeños en 1921, tras la derrota de Annual; y grandes señores, pero también ciudadanos de a pie, contribuyeron con sus limosnas a las campañas misionales dirigidas a eliminar el “paganismo” entre la población guineana. Aunque las guerras coloniales pudieran ser impopulares en algunos momentos, por el coste humano que implicaban (cargado sobre las espaldas de los más pobres), generalmente no se cuestionaba el colonialismo en sí.

Resulta fácil, para los españoles, olvidar el legado colonial africano, como si este colonialismo jamás hubiera existido. Pero el colonialismo no sólo existió, sino que marcó profundamente la sociedad española. Sin las sangrientas campañas de Marruecos (1909-1927), con toda seguridad, España no hubiera sufrido ni la Semana Trágica ni la dictadura de Primo de Rivera, y los franquistas no hubieran logrado ganar la guerra civil.

Y si nuestra sociedad quedó marcada por la experiencia colonial, el impacto de esta sobre las sociedades colonizadas fue brutal. Los saharauis sufren todavía el exilio derivado de la caótica retirada española. Los guineanos son gobernados por un militar colonial salido de la franquista Academia Militar de Zaragoza. En el Rif sufren las consecuencias de una monarquía, apoyada por franceses y españoles, que cercenó el sueño republicano que dominaba la zona.

Algunos, al parecer, querrían borrar de la memoria de los españoles el pasado colonial, o enaltecerlo, ignorando las experiencias de los colonizados. Pero España y sus colonias quedaron inevitablemente unidas a través de su historia. No podemos pensar el pasado de España sin pensar en los pueblos colonizados por España. Nuestras memorias están condenadas a estar enlazadas.

Enlaces externos