Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Portal Carta de España. Sonia Villapol: ¿El cerebro es el órgano que, a largo plazo, se ve más dañado por la Covid¿

Logotipo de Carta de España Online

Carta de España Online. Entrevista

Sonia Villapol: “El cerebro es el órgano que, a largo plazo, se ve más dañado por la Covid”

La lucense Sonia Villapol (Bretoña, 1977) se ha convertido en un ejemplo del importante papel que los científicos e investigadores españoles están jugando en la lucha contra la pandemia de la Covid-19.

Sonia_Villapol

Sonia Villapol

Licenciada en Biología Molecular y Biotecnología por la Universidad de Santiago de Compostela, doctorada Neurociencias por la Universidad Autónoma de Barcelona e investigadora postdoctoral en la Universidad Pierre y Marie Curie VI (CNRS) y en Hospital Robert Debré (INSERM) en París, Francia. Trabaja en EE.UU. desde 2010, donde pasó por los Institutos Nacionales de Salud (NIH) y fue profesora de neurociencias en la Universidad de Georgetown. Actualmente es investigadora principal y profesora en el Center for Neuroregeneration del Methodist Hospital Research Institute, en Texas, y profesora al Weill Cornell Medical College en New York. Es miembro del Equipo de Investigación Internacional de la COVID-19, COV-irt.org, donde coordina el equipo de neurocientíficos que analiza cómo afecta el coronavirus al cerebro y al sistema nervioso.

Los primeros datos apuntan a que el cerebro es una de las partes del cuerpo más afectadas por la Covid 19 y que un 50% de los enfermos de coronavirus sufre problemas neurológicos ¿Cuáles son sus principales síntomas?

Cierto. Diversos estudios apuntan que entre el 40 y el 60% de las personas infectadas por el coronavirus experimentaron algún tipo de síntomas neurológicos después del contagio.

Desde la pérdida de gusto u olfato, un síntoma bastante común al inicio de la infección, a dolores de cabeza, confusión, alteración del estado de alerta, inconsciencia prolongada, delirio o pérdida de memoria, psicosis, ansiedad o estrés post-traumático.

También es bastante común la niebla cerebral o episodios de falta de concentración. Incluso se ha dado un porcentaje del 3% de ictus en grupos de la población de poco riesgo durante su tiempo de hospitalización. La mayoría son síntomas transitorios, y la gente recupera la normalidad a las pocas semanas. Pero aún así, también existen síntomas persistentes en un gran porcentaje de las personas recuperadas de la COVID en su etapa inicial.

Algunos expertos adelantan que estos efectos podrían ser persistentes y podrían convertirse en dolencias crónicas para muchos de los pacientes que superen la infección por Covid ¿Sus estudios avalan estos pronósticos?

Exactamente. Sin duda el cerebro es el órgano que a largo plazo se ve más dañado por la COVID. Estoy trabajando con un equipo de doctoras de varias universidades en EE.UU., México y Europa en una revisión sistemática de cientos de estudios de COVID persistente, y todo indica que está siendo y será un problema serio de salud pública en los próximos meses y años. Síntomas que reaparecen meses después de la recuperación, y en un alto porcentaje de enfermos que requirieron hospitalización. Van desde fatiga crónica como la más predominante hasta dolores de cabeza intermitentes, pérdida de pelo, dolor de pecho, tos, dolor en las articulaciones, problemas para dormir, pérdida de memoria, náuseas y un largo etcétera. Detectar estas patologías post-COVID y tratarlas cuanto antes, va a determinar que perduren por años o décadas. Los hospitales se llenan también de gente que ha sobrevivido a la COVID pero que tiene constantes recaídas. También deberíamos de focalizarnos en buscar los mejores tratamientos y la mejor rehabilitación para estos pacientes en los próximos meses y años.

En EEUU, donde sus 50 estados gozan de gran autonomía política, la pandemia se ha enfrentado de forma diferente, en función de cada territorio ¿A tenor de los resultados que se están obteniendo en estos meses, cuál cree usted que son las medidas que han demostrado mayor eficacia?

Sin duda, en EE.UU el mandato en cada estado de llevar máscaras en espacios públicos ha sido y seguirá siendo el más efectivo para reducir la infección. A nivel nacional no se han implementado políticas eficaces para mitigar la transmisión del coronavirus, aunque se han financiado medidas para la aceleración en la investigación de las vacunas y tratamientos con la creación de la “Operation Warp Speed”. A pesar que el anterior presidente ha minimizado los efectos del virus, lo que ha causado bastante daño, el recién presidente Biden tiene políticas científicas más apropiadas para reducir la transmisión y. por lo tanto, salvar más vidas. Esperemos que así sea.

Existe una clara diferenciación en el control de la pandemia en los países que apoyan la ciencia, porque curiosamente son los mismos que hacen caso de los consejos de científicos y científicas. Aquellos gobiernos que han escuchado a los científicos, son los que han implementado políticas para detectar más eficazmente los casos positivos, secuenciar los genomas de los virus para detectar las variantes, realizar más pruebas de diagnóstico, elaborar modelos matemáticos para dar un pronóstico de la necesidad o no de una cuarentena, de la apertura o no de los colegios y universidades en función de la transmisión comunitaria, o del apoyo urgente y con pocas trabas administrativas para financiar la investigación de tratamientos o vacunas contra la COVID. Un sinfín de medidas positivas que han sido implementadas en los países que realmente confían en la investigación científica y escuchan lo que los investigadores tenemos que aportar en este problema de salud pública.

Frente a la Covid, la Ciencia ha demostrado que se pueden conseguir resultados hasta ahora considerados imposibles. Con recursos y colaboración internacional se ha reducido a meses un proceso que hasta ahora duraba décadas y ya tenemos vacunas y tratamientos disponibles. ¿Esto podría marcar un punto de inflexión en el tratamiento e inversión de los estados en investigación o será solo una reacción puntual ante una situación extraordinaria?

Lamentablemente no tengo una respuesta certera. Sin duda alguna esta pandemia ha demostrado que, si se invierte en investigación, los tratamientos se aceleran, el empuje de medidas económicas rompe obstáculos, y a la ciencia le es posible avanzar de manera extraordinaria. Pero existen sistemas políticos e institucionales que son los responsables de marcar prioridades y, desafortunadamente, no siempre se inclinan hacia empujar la investigación científica, tanto básica como clínica. Efectivamente se ha demostrado que, si se financia y se agilizan los trámites administrativos, la ciencia avanza y salva vidas, es cuestión de inclinarse por esta opción como prioridad.

Sonia_Villapol_vacunandose_Covid

Sonia Villapol vacunandose de Covid

¿Las vacunas marcan el principio del fin de esta pandemia? ¿Tardaremos mucho en volver a la normalidad previa a esta enfermedad o la sociedad postcovid será diferente a la que hemos conocido?

El modo como se gestione rápida y eficazmente la administración de las vacunas en distintos países va a determinar que algunos se recuperen la normalidad antes que otros. Ahora sí que estamos en una carrera, vacunación contra transmisión del coronavirus y sus nuevas variantes. Sin duda alguna la COVID ha dejado una huella muy profunda que perdurará años. El 80% de las personas recuperadas de la enfermedad en la fase aguda, ahora tendrán que lidiar con las secuelas, que son de todo tipo y relevancia. Afortunadamente la mayoría de la gente se recuperará, pero un porcentaje arrastrará estas secuelas por años, y este número va a ser muy alto ya que estamos hablando de una pandemia global.

Una vez que la vacunación consiga que globalmente alcancemos la inmunidad social, el mayor protagonismo se lo llevarán los tratamientos para recuperarse de las secuelas que ha dejado la COVID. Pero no solo la COVID ha dejado estragos en la salud de la gente, en las familias o en las vidas robadas, también en los sistemas económicos y, probablemente, en el modo de vida de un futuro cercano. No pasarán muchos años para darnos cuenta de las huellas profundas que nos ha dejado la pandemia.

La pandemia ha cambiado las prioridades de muchos científicos del área de salud, que han centrado sus esfuerzos en combatir la Covid. Hasta ahora, su campo de investigación se centraba en las enfermedades cerebrales y como podría mejorar su tratamiento estudiando los procesos de inflamación que se dan en la flora intestinal. ¿Qué avances se están consiguiendo en este campo?

Cierto, me pareció inevitable dedicar mis esfuerzos en esta lucha pandémica, pero también entiendo y respeto a los investigadores que no lo han hecho. Como neurocientífica mis intereses principales en investigación se han centrado en como recuperar las lesiones cerebrales o enfermedades neurodegenerativas modulando los procesos inflamatorios. Existen varios mecanismos para esto, y uno de ellos es hacerlo modulando las bacterias y sus componentes metabólicos que interaccionan con el cerebro. En la COVID ocurren procesos muy similares, existe una inflamación sistémica y el cerebro se encuentra afectado a corto o largo plazo. Nosotros estamos evaluando los cambios de la microbiota y su modulación a través de prebióticos en enfermos de COVID, tanto durante el tiempo de hospitalización como meses después. Creo que sería muy recomendable poder modular la microbiota en el transcurso de la enfermedad para poder atenuar la gravedad y las secuelas de la COVID.

Algunos expertos abogan por introducir la igualdad de género en los estudios clínicos. Defiende que el ciclo sexual y hormonal altera la eficacia de los tratamientos y que al ser, tradicionalmente, mayoritaria la presencia de hombres en los ensayos de los nuevos medicamentos estos, a veces, no son tan eficaces para las mujeres ¿Está usted de acuerdo con este planteamiento?

Sí, desde luego. No es solo que esté de acuerdo sino que lo llevo a cabo. Todos los experimentos con animales en mi laboratorio se realizan en hembras y en machos y los resultados se analizan independientemente. La respuesta inmune es diferente en hombres y mujeres y la causa de que muchos tratamientos farmacológicos hayan fallado es la pérdida de datos relacionados con el sexo en los análisis experimentales. Las diferencias van más allá de las hormonales, existen muchos mecanismos celulares y genéticos que son diferentes en hombres y mujeres. Hace pocos años que los institutos nacionales de salud (NIH) de EE.UU, que otorgan financiación pública a científicos de distintas instituciones, han decidido que los proyectos financiados deberían de estar incluido el estudio en ambos sexos. Yo participo en paneles de revisión de estas propuestas y considerar si se han introducido en los proyectos de investigación el estudio de las diferencias de género me parece fundamental.

Usted, como otros muchos miles de investigadores españoles, se ha formado en nuestro país pero ha desarrollado su carrera profesional en el extranjero. ¿Cómo ha sido su periplo migratorio? ¿Cree que la formación de los científicos españoles es valorada en el exterior?

Cierto. Realmente creo que la formación en España es de calidad, pero formarte como investigador es una carrera de fondo y depende del modo como vas trazando tu siguiente paso. Mi carrera se puede resumir en la búsqueda constante de mejores oportunidades. Durante mis estudios de Biología Molecular en Santiago de Compostela he tenido la oportunidad de trabajar en la Facultad de Medicina bajo la supervisión de la Dra. Clara Villamarín, una de las científicas con más pasión por la ciencia y más inspiradoras que he conocido. Trabajar en su equipo fue fantástico, y también compartir laboratorio con el grupo increíble de fisiología del Dr. Carlos Diéguez. Yo tenía claro que quería hacer el doctorado, pero necesitaba una beca y en Galicia las oportunidades eran escasas. Fue entonces cuando acepté una beca predoctoral en la Universidad Autónoma de Barcelona, en el grupo de Bernardo Castellano, Berta González y Laia Acarín. En ese momento cuando comenzó mi periplo migratorio.

Años increíbles de aprendizaje que me permitieron hacer estancias en laboratorios en París con la Dra. Christiane Charriaut-Marlangue, en el grupo del Dr. Pierre Gressens, donde finalmente terminé aceptando una plaza postdoctoral una vez terminado el doctorado. En Francia conseguí financiación y trabajar en laboratorios excelentes del INSERM, CNRS, y Université Marie and Pierre Curie VI.

El siguiente paso en mi formación fue en el 2010 dar el paso a los EE.UU. Desde entonces he trabajado en el NIH, en la Universidad Uniformed Services en Maryland, hasta que en 2014 conseguí una plaza de profesora de Neurociencias en la prestigiosa Universidad de Georgetown. Fueron ocho años a nivel académico y científico de gran intensidad, hasta que en el 2018 decidí trasladar mi laboratorio al Centro Médico de Texas en Houston, dónde realmente es un privilegio hacer ciencia en la cuna de la investigación biomédica.

Forma parte de la asociación Raicex, que agrupa a científicos e investigadores españoles en el exterior, y seguro que conoce los distintos proyectos que hay en marcha para que España recupere el “talento” que emigró fuera, principalmente tras la última crisis económica ¿Qué cree que necesita el país para facilitar el retorno de sus expatriados?

Sí, actualmente soy la presidenta del capítulo de ECUSA en Texas y me reitero en lo mismo. Mucha gente en España, también los investigadores, consideran que conseguir una plaza de funcionario universitario es la meta soñada. Esto tiene sus complicaciones, ya que en muchas ocasiones arrastra a mucha gente a desarrollar una carrera científica mediocre una vez alcanzada la meta de profesor sin responsabilidades en investigación. En otros países esto no ocurre, tu valor tiene que demostrarse continuamente durante tu carrera, tienes que ser capaz de financiar tu laboratorio, además de otras obligaciones docentes o administrativas. Y nunca olvidar que el objetivo número uno es hacer buena ciencia y publicarla. Durante la etapa de formación muchos investigadores españoles se marchan al extranjero, algo completamente recomendable. Algunos regresan a España aceptan salarios y contratos más mediocres, pero en gran medida también regresan porque es difícil mantenerse como científico (y más como científica) más allá de los años de formación, y además al no tratarse de tu país de origen. Existen muchos factores, como no poder renovar la visa de trabajo; o no poder conseguir promociones, puestos académicos o liderar grupos de investigación, ya que también son muy competitivos. Creo que una captación de talento desde España tiene que ofrecer oportunidades a corto y, sobre todo, a largo plazo, dónde también se esté evaluando la excelencia de manera continua.

José Antonio García Brunete

  • Comparte esta noticia en:
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter