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100 años sin respuestas sobre el naufragio del Valbanera

Los restos del buque, en el que perecieron 448 personas, permanecen inexplorados a 12 metros bajo el mar, “custodiados” por los tiburones y barracudas que pueblan la zona del Atlántico en la que naufragó.

El Valbanera, construido en Glasgow en 1906, tenía 122 metros de eslora, alcanzaba los 12 nudos de velocidad y tenía capacidad para 1.152 pasajeros.

La aparición de los restos del vapor Valbanera, hundido a 12 metros de profundidad frente a los Cayos de Florida, con todos los botes salvavidas en su lugar y sin ningún resto de las 488 personas que iban a bordo, han convertido el mayor naufragio de la marina mercante española en un misterio sobre el que aún hoy, 100 años después de su hundimiento en septiembre de 1919, todavía quedan muchas preguntas sin responder.

La práctica totalidad del pasaje de este navío, un buque de carga de 122 metros de eslora y capacidad para 1.142 pasajeros y 88 tripulantes, eran emigrantes españoles que iban a Cuba en busca de trabajo. Tras un mes de travesía -el buque salió de Barcelona el 10 de agosto de 1919- llegó a su destino, en La Habana, el 9 de septiembre. Ese día, el temporal impidió su entrada en el puerto y fue la última vez que se le vio flotando sobre el mar. A partir de entonces, silencio absoluto. Ya no hubo noticias sobre el Valbanera, ni se recibió ningún mensaje del barco, hasta que 10 días después, el 19 de septiembre, el caza-submarinos norteamericano US SC203 encontró sus restos a 12 metros de profundidad en una zona conocida como “Banco de la Media Luna”, a casi 200 kilómetros de su punto de destino.

El buzo que se sumergió para revisar el pecio pudo comprobar que era el Valbanera -su nombre era perfectamente legible en el casco-; pero de las personas que iban a bordo, 488 entre pasajeros y tripulación, no encontró ni un solo resto, ni indicio alguno de que hubieran intentado utilizar los botes salvavidas para escapar del naufragio. Todas las lanchas estaban en su sitio.

¿Qué llevó al Valbanera tan lejos de La Habana? ¿Cuándo y cómo se produjo el naufragio? ¿Por qué no envió ningún mensaje de socorro? ¿Por qué ni el pasaje ni la tripulación intentaron salvarse utilizando los botes salvavidas? ¿Cómo es posible que no se encontrara ningún cuerpo cuando hubo 488 desaparecidos?.... Hoy, un siglo después de su hundimiento, seguimos sin respuestas. El barco sigue en el mismo sitio, enterrado parcialmente en arenas submarinas, pero 100 años después continúa guardando sus secretos. Vigilado por los tiburones y barracudas que viven en esas aguas, sus dependencias siguen inexploradas y conservando en su interior la posible solución a los enigmas que rodean su hundimiento.

Malos precedentes

El Valbanera emprendió su último viaje con malos precedentes. Su travesía previa, dos meses antes de su hundimiento, en la que trasladó 1.600 personas desde Cuba a España, generó una gran polémica por las condiciones en que se vieron obligados a viajar los pasajeros. El exceso de pasaje obligó a muchas personas, ante la falta de camarotes, a hacinarse en la cubierta, con mala alimentación y soportando las inclemencias del tiempo. La gripe hizo estragos. Se produjeron varios fallecimientos y los cadáveres fueron arrojados al mar durante la travesía.

A pesar de la polémica generada por estos sucesos, el buque partía el 10 de agosto del puerto de Barcelona con destino a La Habana, en el que sería su último viaje. Hizo escala, para recoger pasajeros y mercancías, en los puertos de Valencia, Málaga, Cádiz, Las Palmas, Tenerife y Santa Cruz, donde completó su pasaje y salió, con destino a Cuba, el 21 de agosto. En esta ocasión, el Valbanera si cumplió con las limitaciones del pasaje. 1.230 personas, pasajeros y tripulación, iban a bordo en el que fue su último viaje.

Toda la tripulación del Valbanera desapareció junto con el pasaje.

“Clase emigrante”

Aunque el Valbanera disponía de algunos camarotes de primera, segunda y tercera clase –cuyos precios oscilaban entre las 1.250 y las 200 pesetas- la mayoría de las viajeros solo podían costearse lo que se conocía como “clase emigrante”, por la que pagaron 75 pesetas y que les alojaba en los entrepuentes de las bodegas, en largas hileras de literas metálicas de varios pisos, con pocas medidas higiénicas y sanitarias y escasa ventilación. En estas condiciones, la travesía hasta Cuba, que con escala en San Juan de Puerto Rico se prolongó durante 14 días, era muy dura. Aunque la mayoría de pasajeros tenía billete hasta La Habana, muchos, 742 personas, tomaron la decisión de desembarcar en Santiago de Cuba, dónde el Valbanera ancló el 5 de septiembre, y hacer el resto del viaje por tierra. De esta forma salvaron sus vidas.

Fue la última vez que el vapor tocó tierra firme. Con 488 personas a bordo, entre pasajeros y tripulación, partió hacia La Habana, donde las inclemencias del tiempo le impidieron amarrar y le condenaron a tener el triste honor de protagonizar la mayor tragedia que ha sufrido un buque español en tiempo de paz.

EMIGRACION ESPAÑOLA A CUBA

La independencia de Cuba del Reino de España no supuso un freno a la llegada de inmigrantes españolas a su antigua colonia. Al contrario, en sus primeros 30 años como país soberano, la isla caribeña recibió cientos de miles de españoles, que contribuyeron de forma determinante al desarrollo del país.

Cuando en 1902 se proclamó la República de Cuba el país estaba prácticamente devastado como consecuencia de la Guerra de la Independencia. Con una población que apenas superaba los 1’5 millones de habitantes, necesitaba ingentes cantidades de mano de obra para volver a levantar su sector agroalimentario, principal riqueza de la isla y abandonado como consecuencia de la contienda. Y a esa “llamada” respondieron masivamente los trabajadores españoles.

En el periodo 1902-1931, según registros oficiales cubanos, la Isla recibió un total de 1.279.063 inmigrantes; y de ellos 774.123 fueron españoles. En estos años Cuba, junto con Argentina, fue el principal destino de los cerca de 4 millones de españoles que emigraron durante el primer tercio del siglo XX.

José Antonio G. Brunete

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