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Gemma Fernández: "Lamento no poder contribuir a hacer a mi país aún mejor"

Gemma Fernández es asturiana y arquitecta, residente en Offenburg (Alemania). Con sus propias palabras nos cuenta su experiencia migratoria.

Gemma Fernández lleva cinco años cono arquitecta en el ayuntamiento de Offenburg (Alemania)

En el 2012, alcanzo por fin mi sueño de acabar la carrera y licenciarme como arquitecta en La Coruña, ciudad a la que tengo un enorme cariño y en la que sin duda pasé grandes años de mi vida, pero que también supusieron un esfuerzo enorme por parte de mis padres, para pagarme los estudios y mi vida fuera de casa, así como, por la mía, ya que como suele decirse... arquitectura, larga y dura.

Es una carrera de fondo, de noches sin dormir y muchos baches que sortear. A la vez irme de mi tierra, Asturias y del lado de mi familia, hija única y con ni siquiera los dieciocho cumplidos, también fue algo duro para todos. Sin embargo, el objetivo era licenciarme y volver a mi paraíso natural junto a los míos. Esa idea, se logró y volví a Gijón con mi título bajo el brazo y unas ganas enormes de comerme el mundo y empezar a ejercer una profesión por la que tanto había luchado y que me hacía tan feliz. Algunos me decían, "te mereces un descanso", "yo que tú me tomaba unos meses sabáticos antes de empezar a trabajar".

Mis padres contentos de tenerme de vuelta, tampoco me apresuraron. Sin embargo, después del ritmo frenético de aquellos años de carrera, levantarme sin un objetivo, y tras recuperar el sueño atrasado, dejó de gustarme ya a las muy pocas semanas. Una vez listo el que sería mi primer currículo, me lancé a buscar estudios en mi ciudad. Pronto vi que eran estudios en general pequeños, de no más de 2 o 3 personas y que no tenían opciones de aumentar el personal, en un momento, aquella crisis que azotaba, en la que los proyectos escaseaban. De muy pocos recibía respuesta, ¡ni tan siquiera negativa! así que, empecé a abrir el radio y a buscar fuera de mi provincia. Así para variar, me salieron un par de cosas, pero me decían que hacía ya años que a los becarios no les pagaban. ¿Entonces como pagaría yo mi estancia y un alquiler en la ciudad? Empecé a trabajar dando clases de inglés en mi ciudad mientras seguía buscando de lo mío. Tener horarios me hacía bien.

Mientras, veía como empezaba el éxodo de compañeros de profesión, sobre todo de promociones anteriores a la mía, que ya habían visto como se les cerraban muchas puertas. Sólo dos meses después de haber vuelto a casa, decidí visitar a una de ellas, en Londres, donde hacía poco se había ido. Lo que iba a ser una visita turística, se convirtió en ¿y por qué no me voy yo también un año al extranjero? Allí hay trabajo y así ganaría experiencia y al volver ya no sólo me querrían como becaria. Pues, manos a la obra, empecé a enviar solicitudes, unas cuantas a Londres, y otras a Alemania. Siempre me habían encantado los idiomas, y aprender alemán era un aliciente. ¿Cuál fue mi sorpresa, después de meses de negativas en España? todos los estudios me contestaban y muchos interesados.

El primero al que solicité en Alemania, me acepto de inmediato. Recuerdo aquella llamada preguntándome si podía empezar ya, en enero del 2013. "¡Claro! No hay problema" dije...al colgar el teléfono, me daba realmente cuenta: me iba a Alemania. Y prácticamente sin tiempo para buscar piso y prepararlo todo. Mi madre no podía creerse que me fuera a ir y menos en plena Navidad, ¿Cómo iba a pasar el año nuevo sola, y en otro país? Pues así fue. El 28 de Diciembre, sí el día de los Inocentes, llegué a Stuttgart. Allí pasé 7 meses en los que empecé a disfrutar de mi profesión, a chapurrear alemán y darme cabezadas con eso que llaman el choque cultural, el frío, el entrar de noche y salir de noche, la soledad, las comidas, y también el apoyo de los amigos españoles que se convertían casi en familia.

Gemma en su lugar de trabajo

Más tarde, encontraría la opción de trabajar como arquitecta en el Ayuntamiento de Offenburg, donde llevó ya más de 5 años. Desde entonces, la pregunta siempre está en el aire, ¿y no piensas volver a España? La respuesta de momento no está en mi mano. Siento que me fui como tantos otros compañeros, y nadie nos echa en falta. Lamento no poder contribuir a hacer a mi país aún mejor de lo que ya es, porque yo no reniego de él, ni de su gente. A pesar de todo, siempre hablo bien de mi país y se me ilumina la cara cuando alguien me dice si soy española. Siento perderme momentos con mi familia, mis amigos. Siento no estar o estar tan lejos. Sin embargo, aquí me cuidan, tengo opciones como arquitecta y como mujer, para conciliar vida laboral y familiar, un buen sueldo, horario flexible, ya manejo el idioma y poco a poco, este sitio me está dividiendo el corazón.

En España, aún están mis padres y volver por ellos, sería estupendo. Sin embargo, volver para que me vean con un trabajo precario, decepcionada, sin futuro, y echando todos mis esfuerzos por la borda, creo que sería más duro para ellos que verme lejos, pero feliz, independiente y capaz de enfrentarme a nuevos retos cada día. De todos modos, la esperanza, es lo último que se pierde y si por fin, algo cambiara, volvería llena de ilusión, con la mirada más amplia, siendo mucho más empática, resiliente y muchísimo más fuerte de lo que me fui. 

Gemma Fernández. Arquitecta. Offenburg (Alemania)

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