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Carta de España Online. Entrevista

Miguel Menéndez

De los emigrantes de los 60 y 70 deberíamos aprender a ser solidarios

Miguel Menéndez

Cuando Miguel Menéndez (Salamanca, 1985) llegó a Bruselas en 2012 en busca de trabajo no se imaginaba que tan solo 6 años después iba a estar presentando una completísima recopilación de tres décadas de producción musical de la colonia emigrante española en Bélgica. Amante de la música “oldie” de los años 50 y 60 desde niño, este maestro de Educación Infantil y Primaria siempre se interesó por las músicas con alma, y en la capital belga halló un tesoro musical de inestimable valor para conocer la historia de la emigración española de finales del siglo XX.

Con la publicación este año del triple libro-disco ‘Rumba Hispano Belga. Sonidos de la emigración española en Bélgica 1960-1989’ culminas un arduo trabajo de búsqueda e investigación que iniciaste al poco de llegar a Bruselas. ¿Cómo nace este proyecto?

Yo soy coleccionista de rock, blues y reggae desde hace mucho tiempo, pero vengo de Salamanca y allí no hay muchas tiendas de discos. Entonces llegué a Bruselas y esto es el paraíso en ese sentido, con tanto rastro y tanto mercadillo de barrio que frecuentaba mucho en busca de la música que yo coleccionaba. Y así empecé a encontrar también discos de artistas y grupos españoles que no conocía pero que por los títulos o por lo que leía en las biografías de la contraportada me hacían gracia, y los compraba. Nombres como Mino Menéndez y sus Chorvos, Los Cuervos, Los Chicos… Llegaba a mi casa y me ponía a buscar por Internet y ni rastro de aquellos artistas, hasta que poco a poco me fui enterando de que eran emigrantes españoles muy conocidos por sus compatriotas aquí y empecé a pensar en hacer algo con todo este material tan curioso. Un día andaba curioseando por uno de estos mercadillos y vi que una señora estaba directamente tirando una caja de discos a la basura, me acerqué y vi que uno de estos discos era de un tal Juanito Martín, profesor de guitarra con academia propia en Bruselas. Y ahí me dije ya definitivamente: «Tengo que hacer algo; esto o se empieza a guardar ahora o va a desaparecer». Y así fue, hasta hacerme con casi 250 discos producidos en Bélgica de artistas españoles de la emigración.

De todo este material, te has quedado con 72 temas para conformar este triple libro-disco. ¿Cuál ha sido tu criterio de selección?

La rumba es el hilo conductor de toda la historia. En el libro que acompaña al triple CD empiezo explicando cómo los emigrantes llegan aquí, cómo en principio el flamenco es lo que más les atrae, lo sienten propio, están lejos de su casa y quieren escuchar esta música y al mismo tiempo a los belgas también les gusta. Así que empiezan a triunfar en los años 60 los locales que ofrecen flamenco. Pero es un flamenco muy festivo, con guitarras muy rápidas, lo que es la rumba gitana, y así se explica que la mayoría de las grabaciones de los artistas españoles instalados en Bruselas en aquella época fueran rumbas. Luego las orquestas y los grupos de rock españoles, aunque ellos no fueran rumberos, incluían también rumbas en su repertorio porque era lo que más gustaba al público -a principios de los 70, el ‘Borriquito’ de Peret se mantuvo durante semanas en el número 1 de las listas belgas-. Se trataba de bandas que tocaban 300 canciones, que estuvieron en activo durante más de veinte años y que grabaron a lo mejor dos discos, y los dos de rumbas, no de rock o de twist, sino de rumbas. Y esto era porque grabando rumbas sabían que sus discos se escucharían en los bares españoles. Solo en Bruselas, en el año 1967 había 227 bares y restaurantes regentados por españoles, fundamentalmente en el barrio de Saint Gilles, conocido también como “la pequeña España”, y en las inmediaciones de la estación de Midí. No olvidemos que eran los años del boom del turismo extranjero en España y los belgas relacionaban a la música española con vacaciones y chiringuitos.

¿Cómo conseguían estos artistas financiar sus discos?

Eran los propios restaurantes y comercios de la comunidad los que se los producían a cambio de que en la contraportada del disco apareciera la publicidad del local. Y por eso también las grabaciones eran siempre muy festivas, para que el público belga y no belga que compraba el disco pensara que en ese restaurante se lo iba a pasar bien. Y a comer bien, que a veces en el disco viene hasta el menú (risas). Hubo un restaurante, La Primavera, que ya no existe, que incluso llegó a tener en el sótano su propio estudio de grabación.

O sea, que fueron pioneros del “crowfunding”.

(Risas) Sí, podríamos decirlo así.

Este trabajo es una reivindicación de la memoria que abarca historia, cultura y sociología de la música. ¿Es el de la emigración un tema que te interesa especialmente?

Sí, sí que es un mundo que me interesa. Y sobre todo es que yo les admiro. Esta gente llegó aquí en los años 60 en unas condiciones muy diferentes a como llegamos nosotros ahora. Ellos sí que lo dejaban todo atrás cuando se venían a trabajar, se tiraban años sin ver a sus familias, sin volver a sus pueblos, se venían sin saber el idioma… Esa época era muy dura. Y que encima hayan sabido utilizar la música para alegrarse… yo les admiro por eso. Y después toda la solidaridad que existía entre ellos, el apoyo mutuo, lo bien que se llevaban los unos con los otros, los andaluces con los asturianos, los gallegos con los madrileños, con los catalanes… Todo el mundo se llevaba bien, todo el mundo se apoyaba. En definitiva, que hubo aquí una historia muy interesante que contar, totalmente desconocida y que se está olvidando. En España, por supuesto, la gente no tiene ni idea de lo que aquí hubo.

¿Hay algún personaje de los que has conocido en el proceso de preparación de este recopilatorio que te haya impresionado en particular?

La verdad es que cada una de las personas a las que he entrevistado tenía una vivencia que yo alucinaba según me la iban contando en su casa. Porque esa es otra, te abren su casa sin conocerte, estoy realmente impresionado por la generosidad y la calidad humana de toda esta gente. Te contaban anécdotas alucinantes. Por ejemplo, los músicos de las orquestas que fueron tan famosas aquí, como Los Diamantes o Los Emigrantes, me decían: «Nosotros tocábamos de jueves a domingo, cinco o seis horas de concierto cada día, todos los fines de semana del año». Y yo: «¿Todos los fines de semana del año?» «Sí, durante 25 años». Y trabajando al mismo tiempo, claro. Me contaban que se iban a dar conciertos a Alemania, por ejemplo, volvían en coche a las 8 de la mañana del lunes a Bruselas y a trabajar, cada uno en lo suyo, electricidad, fontanería… y el jueves otra vez a la orquesta.

Y la vida familiar, ¿cómo se conjugaba con esta vocación artística tan absorbente?

Pues por lo visto bien ya que están todos felizmente casados, con hijos y con familias unidas. De hecho, yo tuve la misma curiosidad y también pregunté a las mujeres cómo lo llevaban ellas, y me contestaron que muy bien, que iban a verles actuar, en eso consistían sus fines de semana, se iban todo el grupo de amigos y así pasaban el día. Una vez más, mucha solidaridad entre ellos he visto.

¿Cuál crees que es el punto fuerte de este triple libro-disco?

Creo que lo que le diferencia es que se trata de grabaciones que no puedes encontrar en ningún otro sitio y que toca aspectos sociológicos y antropológicos que incluso profesores de universidad no se habían parado a pensar. Hay escritos decenas de artículos y tesis doctorales sobre la emigración pero no hay nada relacionado con la música. Y la música, al menos en la emigración española, tuvo mucha importancia ya que ellos plasmaban sus vivencias y sus pensamientos en las canciones. Entonces el libro abarca no solo aspectos musicales muy curiosos -desde temas de música “popcorn” con influencias jamaicanas, hasta una petenera disco-, sino también la importancia de las letras que nos cuentan por qué esta gente emigró, cómo se sentía, cómo utilizaba la música para unirse y alegrarse.

¿Cuál ha sido la reacción de estos artistas ante tu interés por su música y su trayectoria?

Quiero decir aquí que todos me han dicho siempre lo mismo: que nunca se han sentido respaldados por los poderes públicos españoles, que les han apoyado muy poco. Y que en España nunca nadie se ha interesado en lo que hacían. Por eso están todos muy orgullosos de que por fin se valore y se respete su trabajo. Se sienten felices de que alguien como yo que viene de fuera, un nuevo emigrante, haya conseguido que a raíz de este trabajo en España se interesen por el movimiento cultural que ha habido aquí, porque lo cierto es que los medios de comunicación españoles me están llamando y se están haciendo eco. Ahora lo que estoy empezando a hacer es grabarles en video con la idea de hacer un día un documental. Quiero grabar a cierta gente que está ya muy mayor y que quizás dentro de unos meses no nos pueden contar ya todo esto. No es lo mismo que lo cuente yo porque me lo han dicho ellos, a que lo cuente el propio artista, el propio emigrante, con sus propias palabras. Es mucho más auténtico.

¿Tienen algo que aprender los emigrantes actuales de aquella emigración española de los años 60 y 70?

Pues sobre todo, a ser solidarios. Y que nunca se peleaban por temas de política. Podían tener ideas diferentes y podían discutir, pero al día siguiente si tenían que ayudarse, se ayudaban. Ahora creo que estamos demasiado enfrentados, sobre todo con el tema de Cataluña, me parece que estas cosas antes no pasaban, y estamos hablando de una época en la que en España existía una dictadura. Y también tener en cuenta que muchos de los que vienen ahora lo hacen pensando que se van a quedar un tiempo y luego regresar, pero que lo tengan presente, que estos a los que he entrevistado yo también venían para un tiempo y mira, aquí están. Me parece que los jóvenes nos quejamos mucho… y pienso que hay que vivir la vida y disfrutarla. Y en aquella época sí que la disfrutaban bien, a pesar de todo.

    

    

Texto: Ángela Iglesias Bada
Fotos: Rumba Hispano Belga

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