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Bárcena Mayor, la esencia de la montaña cántabra

Bárcena Mayor es un entrañable y pintoresco pueblo cántabro que se encuentra situado en el Valle de Cabuérniga, a casi 500 metros de altitud, a orillas del río Argoza

calle del pueblo con casas tipicas

Si el pueblo es bonito en su conjunto, no menos precioso es el paisaje que nos lleva hacia el mismo, si se sigue la carretera local al borde del río Tojo, entre impresionantes desfiladeros, que después de 10 Km llega al pueblo, donde se acaba la carretera. Es por tanto, el último pueblo de la carretera y el único pueblo que se encuentra en el Parque Natural del Saja-Besaya, constituyendo en sí mismo, un excelente ejemplo de población rural del interior. En el año 1979 fue declarado Conjunto Histórico-Artístico debido al buen estado de conservación de su caserío.

Se dice que es el pueblo más antiguo de Cantabria e incluso de España entera. Prueba de ello, es la calzada romana que pavimenta sus calles y que en tiempos de la Reconquista sirvió además, como vía para las gentes montañesas que se trasladaron a repoblar tierras castellanas y andaluzas.

El trazado de sus calles es rectangular. Se concentra en dos calles principales delineadas de este a oeste, rodeadas de calles perpendiculares y plazas en su interior. Los soportales y casas revestidas de piedra, con sus tejados de grandes aleros, siempre adornadas con vigas, pilares y balcones de madera llenos de flores, le dan ese carácter montañés tan típico y acogedor.

La orientación de sus fachadas al Sur o al Este nos da a entender lo importante que es aprovechar el sol, sobre todo en invierno, cuando las temperaturas alcanzan muchos grados bajo cero, dando lugar a fuertes nevadas. No obstante, en primavera, numerosas rutas de senderismo que nacen del pueblo,

Los balcones y galerías llenos de flores

Son dignos de visitar, la Iglesia de Santa María (siglo XVII), las antiguas Casas Rectorales y las casonas montañesas de factura popular. No obstante, la mejor recomendación que se puede dar para conocer Bárcena, es “patear” con tiempo, sus calles y callejuelas llenas de encanto medieval salpicadas de tiendas de artesanía y típicos restaurantes, donde degustar la buena cocina montañesa. Por el camino nos podemos encontrar antiguos lavaderos, reservas de leña cortada para el invierno, hornos de pan, pajares, establos y todo tipo de vestigio característico de las áreas rurales.

Los principales protagonistas de las tiendas de artesanía son la madera y el mimbre, elementos fundamentales para fabricar las típicas albarcas, las cachavas, los aperos de labranza y todo tipo de utensilios para el hogar. Tampoco faltan los típicos souvenirs, los artículos de piel y productos típicos de la zona los ricos quesos, orujos y vinos de la zona, así como productos típicos de Cantabria mermeladas, mieles variadas y toda clase de exquisitos manjares elaborados de forma casera, a la manera montañesa.

Una mención aparte, merecen sus restaurantes y casas de comida, donde se puede degustar lo mejor de la cocina montañesa. El plato típico por excelencia es el “cocido montañés”, Sin embargo, no hay que perderse tampoco, los guisos basados en la carne de caza que son igualmente sabrosos. Como “broche de oro”, nunca faltan los exquisitos postres montañeses.

Leña almacenada

Los lugareños de Bárcena, al igual que los del resto de Cantabria, formaron parte de la comunidad de jándalos, conocidos popularmente como los andaluces originarios de Cantabria. Unos emigraban para enriquecerse y volver a su tierra y otros se quedaron. Volvieran a su tierra o no, lo cierto es que los montañeses dejaron su estilo de vida y de comercio, así como una huella, siempre positiva, en el Sur de España. Cabe destacar el peso de dicha comunidad en Andalucía y más concretamente en el Puerto de Santa María y en Jerez de la Frontera, donde abundan los comercios, empresas, edificios, restaurantes y hoteles con este nombre.

La emigración del Norte al Sur de España empezó en tiempos de la Reconquista. Posteriormente, la conquista de América convirtió a Sevilla y Cádiz en la puerta del Nuevo Continente y por ende, en un foco de riqueza emergente gracias al comercio y todo tipo de transacciones. En una Andalucía, necesitada de mano de obra se valoraba bien a los inmigrantes del Norte, zona que sufría de una acusada crisis de subsistencia, sobre todo en el medio rural.

Con 13 o 14 años, los jóvenes montañeses, conocidos como “chicucos”, llegaban a Cádiz, Jerez y el Puerto de Santa María con lo puesto, dispuestos a trabajar y aprender el oficio en la tienda de algún familiar o vecino. El término “jándalo” surgió a mitad del siglo XIX, cuando los “chicucos” regresaban a su tierra.

Los montañeses convertidos en jándalos no solo dejaron su sangre en Andalucía (familias enteras andaluzas presumen de tener “sangre montañesa), sino también su entrañable forma de trabajar y hacer negocios, tal como demostraron aquellos recién llegados “chicucos” posteriormente convertidos en dueños de tiendas al estilo montañés, que facilitaron la vida de las personas necesitadas en tiempos de penuria económica, como la posguerra, en los que gracias a su solidaria costumbre de “fiar”, ninguna familia se quedó sin un plato para comer.

Texto y fotos: Paloma Iznaola 

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