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“La República fantástica de Annobón”, nuevo libro de Francisco Zamora Loboch

Los sueños de libertad en la Isla de los Balleneros

Francisco Zamora

Francisco Zamora

El Gobierno de la segunda República de España envía en 1931 al sargento de la Guardia Civil, Restituto Castilla González, como delegado a la colonia de Guinea. Su pasión por hacer las cosas bien y una mujer le descubrirán un mundo tan hermoso como desconocido.

El 14 de abril de 1931 se proclamaba la segunda República en España. El pueblo democrático español, harto de la dictadura de Primo de Rivera, se echó a la calle: se ponía fin a la monarquía alfonsina, minada por la corrupción, lastrada por una guerra en el Protectorado español de Marruecos, cuya finalidad era salvaguardar los negocios particulares de las élites en el Poder. En España se vivía por vez primera una gran experiencia basada en la libertad y la democracia. ¿Esa experiencia de igualdad y fraternidad se trasladó a la colonia española de Guinea Ecuatorial, en África occidental?

Francisco Zamora Loboch, periodista y escritor, premio Julio Camba de Prensa, redactor literario en Carta de España, se adentra con “La República fantástica de Annobón” (SIAL ediciones/Casa de África, 2017) en un tema desconocido para la mayoría de los españoles: la segunda República de España en la colonia de Guinea Ecuatorial. Se tiene como referencia cultural que alguna vez, hace mucho tiempo, hubo una colonia española en el África tropical, la del negrito del Cola-Cao. Pero poco más.

¿La proclamación de la República le generó al sargento Restituto Castilla una utopía socialista, que derivó en un gran disparate, o le impidieron asentarla y desarrollarla?
La proclamación le produce una gran emoción, una dosis de optimismo. Y el hecho de que se asentara o no, no dependía de él, sino del contexto, en una isla apartada del continente africano, que está en manos de los claretianos, una institución asentada e institucionalizada en toda Guinea Ecuatorial, que tiene los suficientes recursos como para frenar cualquier tipo de iniciativa que no le apetezca.

¿Fue un hombre adelantado a su tiempo, un visionario?
Era un adelantado, una persona muy preparada, entusiasta. No se adelantó a su tiempo. Se adelantó a su cuerpo, a la Guardia Civil. No era normal que un guardia civil estuviera tan implicado y tan digamos por delante de los de su promoción y del cuerpo en sí.

portada del libro


La producción literaria de Francisco Zamora Loboch es importante: “Como ser negro y no morir en Aravaca” (Ediciones B, 1994), “Desde el viyil y otras crónicas (Sial, 2008), “Conspiración en el Green (El informe Abayak)” (Sial, Madrid 2009), “Memoria de laberintos” (Sial 2009), “El caimán de Kaduna” (Paréntesis Editorial, Sevilla 2012)…

¿Con “La república fantástica de Annobón”, estamos ante una novela histórica, una novela del Realismo mágico, una novela hiperrealista?
Es una novela familiar. Retrato a mis abuelos, retrato a mi abuela Menfoy, a mi tía abuela… retrato una época de la historia de una isla pequeña, Annobón, sin conexión con el continente africano, construyendo su propia personalidad. De ahí, en la isla de Annobón se da un nacionalismo propio, ya solidificado hoy, y que las diferentes tentativas, tanto de holandeses, piratas o españoles, no acaban de cuajar porque ellos han hecho su propia iglesia.

¿Crees que algún español sabría poner hoy a Guinea en un mapa de África?
Creo que no, pero eso fue culpa del hecho de declarar materia reservada los sucesos desencadenados cuando Guinea se independiza de España –la independencia se proclamó el 12 de octubre de 1968, con la presencia de Manuel Fraga Iribarne, ministro de la dictadura de Franco, como parte del proceso de descolonización de África apoyado por la ONU–. Hubo una verborrea levantisca e incómoda para España, en aquel momento, que llevo al Gobierno español a declarar Guinea como materia reservada. Fueron los años del presidente Macías (1968-1979) los que hicieron que el español medio se olvidara por completo de Guinea.

Con la excepción del “Padre Epifanio Doce” y su milagro, ¿Qué aportaron los claretianos a Guinea? ¿Ejercieron un control social de la población, sometiéndola y distorsionando la cultura annobonesa?
No. No es tanto como que los claretianos llegan en un momento en el que todos los intentos de colonización habían fracasado. Estamos hablando del 1850, más o menos. Los claretianos se ofrecen a ir a Guinea a cambio de que les eximan de cumplir el servicio militar. Ese fue el acuerdo. Llegaron a Guinea y contra viento y marea se consolidaron como rama eclesiástica. Pero el Gobierno de Guinea seguía en manos de militares de la Marina.

Francisco Zamora Loboch, nacido en Santa Isabel, la actual Malabo, recuerda que con 8 años le llevaron a Annobón. Y que su abuelo, un ballenero corajudo, únicamente estaba obsesionado con fumar. Le tenían anotadas 5 ballenas arponeadas y cobradas. Todo un récord que le convirtió en un héroe local.

Los balleneros de Annobón nunca aceptaron la esclavitud, peleando bravo contra holandeses y españoles… ¿sois un pueblo tan peleón?
Los annoboneses aprendieron a cazar ballenas tras enrolarse en los buques que hacían parada en Annobón, barcos noruegos, ingleses, alemanes… de ahí salió la tradición de cazar ellos solos con sus barcas y sus arpones. Se dice que ha habido más viudas por la muerte de sus maridos arponeando ballenas que por calamidades o enfermedades.

¿Sabes cómo se vio la relación entre el sargento Restituto y la guineana Mapudul, en 1931, una relación interracial entre un blanco colonizador, que además quería extender los valores democráticos de la República de España, y una nativa?
No era frecuente una relación de ese tipo. Las referencias documentales me las dio mi hermana Teresa, que es una señora mayor, de más de 85 años. Lo reflejo en la cita al inicio de la obra: “Se querían, sabedlo”, de Vicente Aleixandre. Los únicos que podían poner algún impedimento –ten en cuenta que Annobón es una sociedad libre en lo que a amor se refiere– eran los que controlaban la moral y las buenas costumbres en aquella época, los claretianos. Pero quien mandaba en la isla era Restituto Castilla: podía hacer lo que le salía de las narices. Era el amo y señor de la isla.

¿Guinea fue un invento español?
Como nación sí, porque cuando la ONU presiona al gobierno de Franco para que dé la independencia a Guinea, o a los territorios del Golfo de Guinea, que es como se llamaban en aquella época, cuando era provincia española, no le queda más remedio que dar esa independencia conjunta.

Texto y fotos: Pablo Torres

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