Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Portal Carta de España. Juguetes rotos del deporte: de la gloria a la nada

Logotipo de Carta de España Online

Carta de España Online. Deportes

Juguetes rotos del deporte: de la gloria a la nada

Tras disfrutar de fama y fortuna, Julia Vaquero, ex campeona de España de 5.000 metros se encuentra en la indigencia más absoluta sobreviviendo con una pensión de 369 euros al mes y aquejada de un trastorno bipolar

El malogrado Yago Lamela en sus días de competición

El malogrado Yago Lamela en sus días de competición

No es un caso aislado. El nombre de la mejor atleta gallega de todos los tiempos se viene a unir a la lista de deportistas de alta competición relegados al olvido y la indiferencia de la sociedad tras tocar con los dedos la gloria del triunfo a causa de los golpes que da la vida y la incapacidad para digerir el fin de sus carreras.
Julia Vaquero aún es poseedora de la plusmarca española de los 5.000 metros con un tiempo de 14.49. 95, marca que logró en Oslo en 1996, además de la medalla de plata europeo de cross, en 1994 y 1996.

El declive de la plusmarquista gallega se debe a un trastorno bipolar que comenzó a manifestarse al final de su carrera, en el año 2.000, que le obligó a recluirse en su pueblo natal A Gándara (A Coruña) con el único ingreso de una pensión no contributiva y la ayuda del COE para hacer frente al pago de las medicinas que necesita y el tratamiento psicológico correspondiente.

Pero, mucho peor, lo tuvo Yago Lamela, saltador de longitud que se catapultó a la fama en 1999 tras lograr un prodigioso registro de 8.56 que le llevó a ser subcampeón del mundo en Sevilla. Yago, un hombre con unas condiciones extraordinarias, rompió todas las barreras de su especialidad. Jamás un español había brincado tan lejos. Pero tras estos éxitos vinieron las lesiones que le persiguieron de manera pertinaz hasta obligarle a abandonar la práctica del deporte en 2009. Fue su ruina. Nunca supo adaptarse a una vida anónima, lejos de las palmadas que otorgara la fama, y entró en una escalada de depresiones que le llevaron a posiciones extremas hasta su muerte.

El marchador catalán Jordi Llopart, primer medallista de la historia del atletismo español en 1980 en los Juegos Olímpicos de Moscú, es otro ejemplo de atleta caído en desgracia después de haber disfrutado de los parabienes y las palmadas de la fama a lo largo y ancho de España. Llopart, tras su hazaña olímpica, se centró en preparar a atletas de la categoría de Daniel Plaza (oro en Barcelona 92) y llegó a entrenar al equipo mexicano de su especialidad, pero cuando los aztecas rescindieron su contrato se vio en la ruina más absoluta, y con dos hijas y una ayuda de 496 euros anduvo mendigando un puesto de trabajo, que tuvo la suerte de encontrar tras llamar a todas aquellas puertas que se le cerraron cuando dejó atrás la gloria y los triunfos.

Julia Vaquero en la actualidad

Julia Vaquero en la actualidad

Afortunadamente Llopart logró salir a flote, pero para antes tuvo constancia de la crueldad con la que esta sociedad trata a sus ídolos cuando abandonan el podio y dejan de ser las rutilantes estrellas a los que los aficionados pedían autógrafos y hacerse un “selfie”.

El mundo del atletismo no es el único escenario de los juguetes rotos. El boxeo suele ser el cementerio propicio para enterrar a los triunfadores del cuadrilátero una vez exprimidos y jaleados por las multitudes y la prensa. El ejemplo más cercano es el del Potro de Vallecas, aunque antes de Poli Díaz vimos y vivimos el ocaso de Perico Fernández, quien tras proclamarse campeón de España, de Europa y del mundo de los pesos superligeros, terminó sus días viviendo de la caridad y, prácticamente, de limosnas.

La triste historia de Perico Fernández casi se repite con el Potro de Vallecas, un púgil que ganó una auténtica fortuna enfrentándose a los mejores del mundo, apadrinado por poderosos mentores, como el hombre de negocios Sarasola, pero que no pudo evitar caer en el pozo de los excesos y acabar en la cuneta del poblado chabolista de La Rosilla.

Ni siquiera deportes con el glamour que aporta, por ejemplo, el tenis, se libra de los reveses que propina la vida cuando las cosas vienen mal dadas. Eso le sucedió a todo un campeón de Roland Garros, en 1972, como Andrés Gimeno, quien un buen día se encontró con que no tenía ni para pagar la luz de su vivienda. “Yo tenía- declaró a la prensa- la vida muy bien montada pero la crisis económica me pegó un palo impresionante”.
Menos mal que el mundo del tenis, con Rafa Nadal al frente, salió en ayuda del primer campeón español del Torneo Conde de Godó, y así, pudo levantar a tiempo el “match ball” que le amenazaba.

Naturalmente, tampoco se libra de los batacazos el deporte rey, el fútbol, y el caso del lateral Julio Alberto conmocionó en su día al mundo del balompié y los aficionados aún recuerdan cómo el ex del Atlético de Madrid y del Barça ingresó en el sórdido mundo de las drogas tras dejar atrás una carrera que le reportó 2 Ligas y 3 Copas del Rey. La historia de autodestrucción física y descenso a los infiernos que cuenta Julio Alberto en un libro titulado “Mi verdad”, también se podría aplicar a frustradas estrellas del balompié como el asturiano Juanele, o el canario Sergio Marrero. Lejos de España, figuras tan carismáticas como Paul Gascoigne o el mítico George Best ilustran a la perfección cómo el balón en vez de acabar en la portería contraria termina machacando a los futbolistas en fuera de juego.

Jordi Llopart

Jordi Llopart

Operaciones contra el dopaje en el ciclismo, como la denominada en 2006 “Operación Puerto”, acabó dando al traste con fulgurantes carreras como las de Oscar Freire a quien el Kelme, su equipo, puso de patitas en la calle en cuanto se conoció su relación con el siniestro Eufemiano Fuentes, un médico que ha tenido la virtud de emporcar a cuantos deportistas han pasado por sus manos. Con el escándalo a cuestas, a Freire no le quedó más remedio que abandonar las grandes citas al igual que otros pedaleadores como Paco Mancebo o Isidro Nozal, un joven valor que a punto estuvo de ganar la Vuelta Ciclista a España, en 2003, pero cuya carrera entró en el mundo de las sombras y del anonimato tras una primera sanción en 2005 a la que siguieron otras que le valieron dos largos años de sanción y casi el fin de una carrera profesional truncada por el dopaje.

Naturalmente las historias de bancarrota, la ruina, el final ruidoso de los ídolos del deporte no es exclusivo de España, ni mucho menos. La plaga, más actual a medida que crecen las expectativas y las ambiciones de unos seres deslumbrados por el éxito y los ingresos estratosféricos, gracias a los contratos televisivos y la publicidad, se ceban con especial virulencia en los jugadores de baloncesto de la NBA.

En efecto, según una estadística publicada por la prestigiosa revista Sport Ilustrated, un 60 por cien de los magos de la canasta norteamericanos acaba en la cuneta a los cinco años de abandonar sus gloriosas carreras. Este es el caso del escolta del Philadelphia Allen Iverson, quien llegó a ingresar más de 125 millones de dólares a lo largo de su exitosa carrera para acabar en la ruina absoluta, al igual que otros famosos compañeros como Scottie Pippen, el guardaespaldas del gran Michael Jordan, el gigante africano Manute Bol o el extravagante Dennis Rodman, al parecer amigo y declarado admirador de Kim Jong un, líder supremo de la República Popular Democrática de Corea del Norte.

Luis Bamba

  • Comparte esta noticia en:
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter