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Los consejos de un campeón

Fabián Roncero, premio Príncipe de Asturias de los Deportes, recomienda el atletismo responsable en su libro “The runner man”

 

Fabián Roncero

El miedo a la otrora mítica maratón ha desaparecido de entre los mortales: esa es la tesis principal que desliza Fabián Roncero, integrante del equipo también formado por Martín Fiz, Abel Antón, Diego García, Alberto Juzdado, José Manuel García y merecedores del Premio Príncipe de Asturias en 1997.

Roncero (Madrid, 1970) habla desde la autoridad que le confiere una carrera deportiva plagada de éxitos y el prestigio que da el correr 42.195 kilómetros en, 2 horas 07 minutos y 26 segundos. Fabián, apodado en sus tiempos de atleta de primera fila el africano de Canillejas, cree firmemente que desde hace un tiempo, muchos de los cientos y cientos de aficionados que llenan los parques públicos, practicando lo que se ha venido a llamar jogging o footing, están trivializando el atletismo un deporte al que hay que tener más respeto pero en el que empieza a brillar la ausencia del sentido común, gracias a la cantidad de información que en ocasiones no resulta fiable, cuando no totalmente errónea.

Concebido como una especie de guía y libro de autoayuda tanto para atletas profesionales como para miles aficionados que deciden abandonar el sillón bol y ponerse a trotar sin más por calles y parques, “The Runner man”, recoge también datos autobiográficos de un fondista excepcional.

En su libro de 193 páginas editado por Sial Pigmalión, Roncero hace especial hincapié en que el aspirante a fondista ha de basar su preparación en una buena base construida con esfuerzo y teniendo en cuenta la calidad, la capacidad de trabajo, la fortaleza muscular y el carácter, condiciones que solo se pueden explotar poniéndose en manos de un buen entrenador, un buen especialista: “Un mal aprendizaje o un mal comienzo en lo que hagamos hará que no se logre un buen resultado”.

Roncero hace especial hincapié en el tema de la preparación, ya que en su opinión “terminar una prueba no quiere decir que estuviésemos preparados para hacerla en unas condiciones aceptables y que eso no vaya a suponer un mal para tus músculos y articulaciones que acortará sobremanera tus años de actividad deportiva. Para afrontar una carrera tan exigente, como es un maratón sin sufrir secuelas posteriores, es necesario tener un bagaje de al menos ocho a diez años corriendo al más alto nivel”.

portada del libro

Y es que el medallista de bronce en los europeos de campo a través, distingue perfectamente entre el atletismo y los runners, ese espécimen que llena los parques y que por haber terminado, un aciago día, una maratón, se creen los reyes del mambo y comienzan a acumular errores tras errores, en una frenética carrera sin pies ni cabeza, y a los que Fabian Roncero dirige las preguntas siguientes:

1. Con un entrenamiento de cincuenta kilómetros a la semana ¿estamos en condiciones de afrontar una maratón?
2. ¿Alguien que va a seis minutos por kilómetro, está preparado para hacer una maratón?
3. ¿Tenemos la musculatura lo suficientemente preparada para afrontar tan exigente prueba?

Con con un poquito de mala uva, Fabián Roncero no para de reírse y repartir estopa a ese pseudoatleta quien tras haber logrado acabar una media maratón o una prueba de montaña (por la que adquiere automáticamente el estatus de trail-runner), pone por delante de su preparación una estrafalaria equipación en el que no faltan zapatillas con tacos especiales, geles para la fatiga, un mochila multiusos, bebida isotónica, un reloj último modelo, un GPS de “esos de última generación que te informa qué pulso llevas, las calorías que gastas, los pasos que das, si tu zancada es ideal, la distancia que recorres, a qué altitud estás”, sin olvidar tener a tu disposición al mejor fisioterapeuta del momento y el nutricionista de moda que te indica qué debe beber y comer un aspirante a perfecto corredor de fondo. Y si el aspirante a maratoniano de “zancada elegante, alto de caderas, cabeza al frente, mirada penetrante y leve sonrisa” siente decaer el ánimo, siempre puede adquirir una cinta de motivación que repita en los cascos una cantinela tipo: Si la carrera va lenta, soy el más rápido Si la carrera va rápido, soy el mejor.

El ex - africano de Canillejas tampoco deja títere con cabeza cuando se refiere a los gurús que proliferan en blogs y portales de internet dedicados a impartir consejos que siembran de dudas más que ayudan, sobre la importancia de la fuerza a la hora de afrontar metas y objetivos de los futuros campeones: “Después de un par de semanas-dice Roncero poniéndose en la piel del runner- he llegado a la conclusión de que hacer entrenamientos de fuerza cuatro días a la semana estará muy bien para algunos, pero a mí me duele todo, por lo que leo, tengo muchas dudas, ya que uno dice una cosa y otro lo contrario y así no se puede”.

Roncero en una competición

Roncero en una competición

Y es que para el escritor-atleta, mucha gente se ha pasado más de cuatro pueblos en eso de la práctica del atletismo popular. “Hoy día-insiste- toda ciudad quiere tener su maratón y hacer de ella una fiesta deportiva. Se le ha perdido totalmente el respeto a una prueba que se debería honrar mucho más de lo que estamos viviendo a diario. Si uno no acaba la mítica prueba que realiza su ciudad, parece que no es nadie en su parque, en su trabajo o en su mundo virtual. Eso sin contar con las dietas milagro, como la dichosa dieta disociada con el que uno se harta a proteínas y descarta los hidratos de carbono".

Fabián Roncero se ha propuesto y escrito un libro que haga pensar a los aficionados sobre todo observando en lo que se ha convertido el deporte español en los últimos diez o quince años. “The Runner Man”, salvando las distancias, quiere ser una especie de El Quijote respecto a la gente que disputa carreras de fondo.

Aunque no todo son malas noticias. Y aquí está un auténtico profesional como Roncero para recolocar a la multitud de descarriados que pululan por pruebas populares, medias maratones o simplemente aficionados al jogging con pretensiones y todos los que se han pasado tres pueblos en pos de marcas imposibles, en texto plagado de anécdotas y casos reales aunque atribuidos a personajes ficticios con la santa intención de no herir susceptibilidades ni los egos de los miles de aspirantes que se apuntan a todo lo que huele a imperecedera gesta deportiva con sus reconocimientos, laureles y trofeos para lucir ante las amistades, cuñados y cuñadas.

La solución que ofrece Fabián Roncero en The runner man está en trabajar a las órdenes de un buen entrenador titulado “y no andar buscando atajos, en todos los sentidos, que pongan en riesgo nuestra salud. Acudir con frecuencia a fisioterapeutas y masajistas no sirve de mucho si al día siguiente castigamos y machacamos el cuerpo, porque el atletismo es una cuestión de casta y fuerza mental, además de técnica y entrenamiento. No digo que uno no disponga de un buen masajista y las mejores zapatillas para salir a competir, pero hay que saber distinguir entre lo accesorio y lo verdaderamente fundamental. El ejemplo está en que hay gente que se gasta más de 300 euros en relojes, mochilas y zapatillas y es incapaz de invertir 20 euros en un preparador”.

Luis Bamba

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